"El pensamiento claro no nos basta, nos da un mundo usado hasta el agotamiento. Lo que es claro es lo que nos es inmediatamente accesible, pero lo inmediatamente accesible es la simple apariencia de la vida." antonin artaud.
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domingo, 17 de julio de 2016
jueves, 9 de julio de 2015
viernes, 2 de noviembre de 2012
la dra. diana maffia habla sobre femicidio, en la mesa de la SEA, feria internacional del libro
(fotografía adela seguí)
Si mata no es amor
Texto leído el último 22 de
abril en la Feria del Libro. “Asesinadas en nombre del Amor: violencia de
género”, Mesa Redonda junto a Catalina Boccardo, Cristina
Civale y Naela Chohan (embajadora de Pakistán). Coordinación: Víctor Redondo.
Organizada por la SEA (Sociedad de Escritores y Escritoras de la
Argentina).
Por Diana Maffía (IIEGE –
UBA)
En la Cámara de Diputados de
la Nación se acaba de dar media sanción al proyecto de incorporar al código
penal la figura de “femicidio”, como efecto de la visibilidad de los crímenes de
mujeres que forma parte de la estrategia de incidencia política del feminismo.
Para que fuera posible mirar los asesinatos de mujeres de esta manera, hizo
falta dejar de naturalizar la violencia en las relaciones interpersonales como
exceso pasional, y a la vez dejar de ver estos casos como crímenes individuales
y percibir el patrón colectivo que los posibilita.
Cuando el psicoanálisis tradicional aplica a
las mujeres que sufren violencia la caracterización de “masoquistas”, las hacen
corresponsables como víctimas, poniendo énfasis en el vínculo como si fuera
patológico e involucrara a una pareja que se vuelve así “anormal”. Pero la
crítica feminista precisamente va a poner el foco en las estructuras de dominio
y de poder que hacen de toda mujer, por su mera condición de mujer, un sujeto
vulnerable a la violencia como reaseguro de la posesión y el sometimiento.
Las acciones de violencia sobre una mujer
pueden llevar a esa mujer a la muerte; pero las palabras para describir esa
violencia nos ponen en peligro a todas. El propio hecho de comunicar los
episodios de violencia extrema y los femicidios en los medios masivos de
comunicación tienen efectos paradojales. Ante las noticias difundidas, muchas
mujeres relatan que sufren amenazas de que les va a pasar lo mismo si no son
dóciles, o se minimizan sus quejas porque la violencia que sufren no es
comparable a la que toma estado publico, o los victimarios imitan como por
contagio los mecanismos violentos. Este es el caso, a partir del resonante
episodio del baterista de “Callejeros”, con la difusión de varones que prenden
fuego a las mujeres, episodios que se agudizan multiplicándose cuando son
difundidos. Imaginemos el efecto si además estos crímenes permanecen impunes. Su
difusión, lejos de darle recursos de advertencia a las posibles víctimas,
refuerzan la posición del victimario.
Sin embargo, el avance en las políticas
públicas contra la violencia, la aceptación del Estado del papel que le cabe en
garantizar la integridad de las mujeres como condición de su ciudadanía, comenzó
precisamente con un femicidio de gran repercusión: el asesinato de Alicia Muñiz
por parte de Carlos Monzón. El reconocimiento público de las figuras
involucradas le dio una trascendencia al hecho que pronto pasó a ser debate
sobre la violencia doméstica.
Recién a partir de este caso comenzaron a
crearse áreas de atención, y a apoyarse a las organizaciones de mujeres que
venían luchando contra este flagelo a través de grupos de autoayuda pero sin
recursos estatales como dispositivos de salud y de refugio. Mar del Plata, el
lugar donde había ocurrido este hecho, fue escenario también de otro
escalofriante episodio femicida: el asesinato de prostitutas que se atribuyó a
un inexistente “loco de la ruta”, pero que luego de una cuidadosa investigación
llevada adelante por un juez local, reveló la trama de corrupción policial,
judicial y política en la explotación de la prostitución.
¿Podríamos llamar a estos episodios
“femicidio”? Curiosamente, entre los agravantes que acaban de votar los
diputados y diputadas, figura el odio racial o la homofobia, pero la condición
de prostitución y trata de personas no figura. Evidentemente es costoso pensar
la prostitución como una forma de violencia, por eso el aliento oficial a
quienes hablan de “trabajo sexual”, ya que de esta forma el prostituyente, por
efecto de un eufemismo, se transforma en “cliente”, y el dinero de la
transacción elimina el gesto violento de transformar un cuerpo en
mercancía.
La ley de Trata, poco después de sancionada,
debió ser modificada por las duras críticas que recibió la pretensión de que si
la víctima tenía más de 18 años recayera sobre ella la exigencia de probar que
había sido engañada. Es decir, la ley presuponía que una persona da
consentimiento a su propia esclavitud sexual, si no demuestra lo contrario.
Además, las penas por engañar a una mujer para obligarla a ejercer la
prostitución tenían la mitad de la pena que merecía el delito de abigeato, el
robo de ganado. Es decir, para la ley, robar una vaca equivalía a prostituir a
dos mujeres. ¿Cuánto de la mala voluntad para legislar en los casos de trata,
para llamar por su nombre a los prostíbulos en lugar de encubrirlos como
wiskerías o cabarets, y para sancionar la explotación de la prostitución, tiene
su raíz en la impunidad construída para los prostituyentes y en la
naturalización del consumo de prostitución por los varones?
A fines del año pasado, otro hecho conmovió a
la opinión pública por su gravedad. Una adolescente de 19 años que se había
separado de su compañero con quien tenía un hijo pequeño, fue violada por él a
la salida de su trabajo. El hombre fue preso, y durante su cautiverio retomó el
vínculo con su ex mujer a la que prometió casarse para iniciar una convivencia
como familia. El fiscal consideró que era una estrategia para salir de la
cárcel, pero ella solicitó el recurso de “avenimiento” para que lo liberaran.
Quisiera detenerme unos minutos sobre este recurso, una rémora conservadora y
patriarcal en el contexto de un cambio legal muy relevante.
La violación era referida en el código penal
como un “delito contra la honestidad”. Claramente, el honor protegido era el de
la familia, lo que es decir el honor de quien posee a esa mujer
(paradigmáticamente, el padre). Ese honor se subsanaba si el violador consentía
casarse con la víctima, y entonces cesaba la causa penal contra él. Es más, tan
fuerte era la idea de “honestidad” como posesión, que una prostituta, por
ejemplo, no podía denunciar una violación; y cualquier mujer debía probar que
era “honesta” para que se iniciara la causa penal. Todavía ahora, ante una
denuncia y con el paradigma patriarcal bastante vigente a pesar de los cambios,
la mujer será indagada sobre su vestimenta, sus hábitos, los horarios y el lugar
por donde transitaba y si había trabado algún vínculo con el agresor
sexual.
En 1999 la figura se modificó. Los “delitos
contra la honestidad” pasaron a ser “delitos contra la integridad sexual”. El
bien protegido ya no era externo a la víctima, sino que se produjo una
revolución semiótica, poniendo a las mujeres, su integridad y autonomía como
bien tutelado por la ley. Sin embargo, este giro no fue fácil, y los
legisladores más conservadores, a propuesta del entonces diputado José Cafferata
Nores, exigieron mantener la figura del “avenimiento” o reconciliación como
condición para aprobar el cambio, si bien agregando aclaraciones sobre que éste
se hacía sin forzar la voluntad de la víctima, que libremente tomaba su
decisión.
Así el Código Penal estableció que en casos de
violación y cuando haya relaciones afectivas preexistentes entre víctima y
victimario, el tribunal puede excepcionalmente aceptar la propuesta de ella si
fue formulada libremente y en condiciones de igualdad y si considera que “es un
modo más equitativo de armonizar el conflicto con mejor resguardo del interés de
la víctima”. Y entonces se extingue la acción penal
¿Es concebible, en una trama de relaciones
sociales donde todavía las mujeres se encuentran en muchas formas de sujeción,
de dependencia y de sometimiento; después de un delito tan estigmatizante como
la violación, hablar de decisión libre por la cual la víctima decide retirar la
denuncia porque va a casarse con el violador? Sin embargo, la figura se
mantuvo.
En el caso que relatamos, Carla, la adolescente
violada por su ex pareja, solicita el avenimiento; y aunque un primer fallo
judicial rechazó el recurso ambos insistieron y el acuerdo fue avalado por el
Tribunal de Impugnación Penal de la provincia de La Pampa, que lo concedió en un
fallo dividido. Al segundo día de convivencia, el hombre la mató violentamente.
Los medios de comunicación se hicieron un festín con esta historia, ya que de
pequeña la muchacha había presenciado el asesinato de su madre en manos de su
padre. Pero lo verdaderamente grave del asunto es que profesionales que deberían
asegurar la atención adecuada de estos casos, argumentaran que la propia mujer
había sido responsable y se había buscado su propia muerte.
Un psicoanalista del Hospital Álvarez, Sergio
Zabalza, se pregunta en una nota en La Nación “¿ Qué lleva a una persona a
contraer un compromiso legal y afectivo con quien atropellara su honor e
intimidad?” pregunta que pone la agencia en la mujer. No se pregunta qué lleva a
un hombre a violar y luego matar a una mujer con la que ha convivido y con la
que tiene un hijo, sino qué la lleva a ella a amarlo. Y como respuesta escribe
(y permítanme una cita algo extensa):
Un peritaje psicológico advertía el estado de
shock en que se encontraba la víctima a causa de la agresión sufrida a manos del
violador. Pero tal diagnóstico no es suficiente para explicar la insensatez que
demuestra quien no está en condiciones de preservar su seguridad física y
psíquica .
El colapso psicológico puede arrojar un sujeto
a la cama durante semanas, precipitarlo en la depresión o en la perplejidad.
Pero no explica cuál es el resorte subjetivo que induce a una persona a volver a
padecer el mismo horror.
La observación apunta al corazón del
descubrimiento freudiano del inconciente, el masoquismo , por el cual un sujeto
goza más allá de lo que sus barreras éticas y estéticas están dispuestas a
tolerar. Esta condición erótica, a veces en franca oposición con la moral de la
persona, se cuece en el hervor de los primeros cuidados y se termina por sellar
en la adolescencia. Aquí el historial nos exime de mayores comentarios: cuando
Carla tenía pocos meses de vida, su padre había asesinado a su esposa y madre de
Carla.
Por eso, a veces las personas no sólo somos
víctimas de un agresor actualizado allí en carne y hueso (el cual deber ir a la
cárcel, por supuesto), sino también de nuestra propia condición erótica. La
violencia que se agita entre los miembros de las parejas y en el seno de las
familias hace más que recomendable que este rasgo tan singular de la condición
humana sea tenida en cuenta por la justicia . El ser humano es la única criatura
del planeta que vuelve a poner los dedos en el enchufe (1).
Entendamos bien: el psicoanalista invita a que
cuando la justicia juzgue al asesino, tome en cuenta que la víctima tenía una
inclinación propia a repetir una escena, que como masoquista buscaba. No me
canso de pensar qué llevó a este profesional de la salud mental a escribir esto
en un medio de comunicación masivo, qué estaba defendiendo, contra qué
malentendido estaba levantando el poder de su discurso autorizado.
Tan horroroso fue el efecto de este asesinato,
tan burda la disculpa de los jueces, que en veloz trámite parlamentario hace
unas semanas el Avenimiento fue derogado. Aquello que no era negociable se
negoció, aunque el precio fue una vida. La diputada feminista Marcela Rodríguez
venía presentando desde 2008 proyectos para derogar la vergonzosa figura del
Avenimiento, pero nunca fueron tratados y perdían estado parlamentario, debiendo
volver a ser presentados.
Natalia Gaitán, “la Pepa”, era una joven
lesbiana que fue asesinada por el padrastro de su novia, asesinada por no
esconder una forma de amor no legitimada por las formas silenciosas y opresivas
de la sexualidad hegemónica. El debate social sobre este crimen permitió
explicitar las formas violentas de conductas homofóbicas, lesbofóbicas y
transfóbicas que han terminado en crímenes de odio. Como sociedad hemos avanzado
con la ampliación de la ley de matrimonio, y hoy estamos discutiendo en el
Senado Nacional la ley de Identidad que recibió media sanción en Diputados en
noviembre del año pasado, y que impulsa formas de respeto y autonomía inéditas.
Pero como reacción a estos avances, recrudecen estas expresiones amenazantes que
exigen a los cuerpos y sexualidades disidentes que no se muestren y que no nos
interpelen.
Y como el nombre de esta mesa, “asesinadas en
nombre del amor”, me permitió ir mucho más allá del asesinato de una mujer en
manos de alguien a quien amó o que dice amarlas, quiero concluir hablando de
otras muertes que constituyen un femicidio silencioso: las muertes por abortos
inseguros.
La presunción de un instintivo amor maternal,
encubre el hecho de que por muchas razones las mujeres pueden tener embarazos no
deseados. Que no todo embarazo dispara en las mujeres un desborde amoroso que se
expresa en abnegación. Y por lo tanto, que no toda mujer está dispuesta a morir,
o a sufrir, o a ignorar la violencia de una violación, para continuar la
gestación de un embrión que sin ella no puede ser viable.
Los casos recientes de niñas de 10 u 11 años,
abusadas y embarazadas como consecuencia de ese abuso, a quienes ministros de
salud provinciales (como el ministro de Entre Ríos o el de Corrientes)
consideran perfectamente saludables para llevar adelante sus embarazos, y por lo
tanto niegan la interrupción solicitada por sus madres, ponen de relieve la
diferencia profunda entre un cuerpo en primera persona y en tercera persona. Un
hombre nunca será portador de un embarazo, su cuerpo nunca gestará una criatura,
por lo tanto la deliberación sobre el aborto nunca será en carne propia. Sin
embargo, desde sus lugares de poder obligarán a las mujeres y a las niñas a algo
inmoral: tener una conducta por encima de su propio deber y de sus propios
derechos, negarse para posibilitar otra vida, abnegarse.
El reciente fallo de la Corte Suprema pone
claridad sobre el alcance del artículo 86 del Código Penal, que en su inciso 2
dice que no será punible el aborto cuando el embarazo sea “producto de una
violación o de un atentado al pudor contra una mujer idiota o demente”. Este
inciso habla de dos casos: cuando una mujer sea forzada sexualmente, o cuando
esté imposibilitada de consentir la relación sexual por su condición mental. En
ninguno de los dos casos se la puede obligar a la posible consecuencia de un
acto no consentido, en este caso un embarazo, y por eso se autoriza la
interrupción en caso de que la mujer así lo decidiera.
Que su decisión sea obstruída por el médico, el
juez, el cura, el legislador, la corporación de abogados católicos, el ministro
y el gobernador, muestra la medida de la enajenación del cuerpo y la voluntad de
las mujeres. Que se clandestinicen abortos que son legales, tornándolos
inseguros y a veces mortales, es un crimen por omisión de parte del Estado. Que
algunos gobernadores hayan salido a desconocer un fallo de la Corte Suprema que
ampara el derecho a la salud, sin que el Ministerio de Salud de la Nación salga
de su mutismo, muestra que en la negociación del poder las mujeres somos la
moneda de cambio pero no los sujetos del pacto democrático.
El empeño puesto por la Campaña por el Aborto
Legal, Seguro y Gratuito (2) al presentar un proyecto de ley, avalado por
diputados y diputadas de distintos bloques que incluyen al oficialismo, tropieza
con la cerrada e incomprensible negativa de la Presidenta de la Nación a
habilitar el debate parlamentario, justificada en una desventura personal que
puede fundar una decisión individual pero de ninguna manera una barrera política
para todas las mujeres.
Dentro del marco de los derechos humanos,
Argentina ha adherido a los objetivos del milenio de Naciones Unidas. Uno de
esos objetivos es bajar la mortalidad materna para el 2015. Estamos muy lejos de
ese objetivo, y seguiremos incumpliéndolo porque la principal causa de muerte
materna es el aborto inseguro.
En noviembre de 2006, durante el Primer
Encuentro Nacional de Periodistas con Visión de Género, se conformó la Red PAR
(3), que lleva su identidad y su objetivo en el nombre: Periodistas de Argentina
en Red por una comunicación no sexista. Como oportuna intervención en la
comunicación muchas veces iatrogénica de la violencia, elaboraron un decálogo
para informar sobre los hechos que sugieren llamar “violencia de género”,
“violencia contra las mujeres” o “violencia machista”, desterrando el equívoco y
generalizado concepto de “crimen pasional”, y elaborando un manual que recuerda
las múltiples formas de violencia que soportan las mujeres por su mera condición
de género, que cuando resultan en muertes consideraremos femicidios. Así, además
de la visible violencia física destacan otras formas que debemos aprender a
percibir y valorar en su criminalidad: aislamiento y abuso social, abuso
ambiental, abuso económico, conductas de control y dominio, control por medio de
amenazas, abuso verbal y psicológico, violencia sexual, abuso emocional,
chantaje emocional, institucional, laboral. contra la libertad reproductiva,
obstétrica y finalmente mediática (4).
Intenté pues recorrer hasta aquí sólo unas
pocas, muy resonantes, de las muchas maneras en que las mujeres morimos
asesinadas. El desafío de cambiar este destino está en las relaciones humanas
pero también está en el lenguaje. Si duele, si lastima, si humilla, si sojuzga,
si mata, no lo llamemos amor.
(1) Sergio Zabalza “El doble
horror de Carla”, La Nación, 17/12/11.
(2)
www.abortolegalseguroygratuito.blogspot.com/ y
www.abortolegal.com.ar/
(3)
www.redpar.com.ar/
(4) Para bajar la edición del
manual
FUENTE
http://dmasi-mendoza.blogspot.com.ar/2012/04/si-mata-no-es-amor.html
jueves, 12 de julio de 2012
sobre june jordan
June Jordan nace en Harlem, New York City, en
1936, hija de inmigrantes africanos. Ha sido una prolífica poeta, activista y
ensayista, además de participar activamente en la dirección y producción de
filmes y obras teatrales. Apareción en la vida cultural de los Estados Unidos en
la década del '60, como activista por la liberación de la mujer, los derechos
civiles y el término de la guerra. Estas preocupaciones se han mantenido en sus
ensayos y artículos, principalmente en sus libros Civil Wars (1981),
On Call (1985) y Technical Difficulties (1992), profundizando
además en la situación de países como Nicaragua, Sudáfrica y el Líbano. Tuvo
mucho éxito como columnista regular de The Progressive, The Village
Voice, The New York Times, The American Poetry Review, The
Nation, entre otros periódicos revistas. Ha publicado gran cantidad de
poemarios, transformándose, para la crítica americana, en una poeta con alto
sentido político del arte y en una voz universal de la poesía. El poema que
presentamos aquí, "Poem about my rights" es una muestra de su fino sentido para
conjugar poesía y política. June Jordan muere en junio del 2002, en Berkeley,
California, víctima de un cáncer.
Poema sobre mis derechos / Poem about my rights1
|
| Incluso esta noche necesito caminar y despejar mi cabeza en relación a este poema sobre por qué no puedo salir sin cambiarme de ropa de zapatos ni la posición de mi cuerpo o la identidad de mi género mi edad mi status de mujer sola al atardecer/ sola en las calles/ sola no siendo el caso/ el caso es que no puedo hacer lo que quiero con mi propio cuerpo porque soy del sexo equivocado de la edad equivocada del color de piel equivocado y supón que no es aquí en la ciudad sino allá en la playa/ o en la profundidad del bosque y quisiese ir sola mi alma ahí a divagar sobre Dios/ o los niños o a pensar sobre el mundo/ todo eso revelado por las estrellas y el silencio: no podía ir y no podía pensar y no podía quedarme ahí sola como lo necesito sólo porque no puedo hacer lo que quiero con mi propio cuerpo y quién mierda hizo las cosas así de este modo y en Francia dicen que si el tipo penetra pero no eyacula entonces no me violó y si después de acuchillarlo si después de los gritos si después de rogarle al bastardo y si incluso después de darle con un martillo sobre la cabeza si incluso después de eso él y sus amigotes me fornican después de eso entonces yo lo permití y no hubo ninguna violación porque finalmente entiendes finalmente me fornicaron porque yo estaba equivocada yo estaba equivocada nuevamente por ser yo siendo yo donde estaba /equivocada de ser quién soy lo que es exactamente como Sudáfrica penetrando en Namibia penetrando en Angola y acaso eso significa quiero decir cómo sabes si Pretoria eyacula cómo es que se reconocerá la evidencia la prueba de la eyaculación del monster jackboot en Blackland y si después de Namibia y si después de Angola y si después de Zimbawe y si después de que todos mis parientes y mujeres resistan incluso a la auto-inmolación de las villas y si después de eso igual perdemos qué van a decir los muchachotes reclamarán mi aprobación: Me Logras Seguir: Somos el pueblo equivocado de la piel equivocada en el continente equivocado y sobre qué diablos están todos siendo tan razonables y de acuerdo al Times esta semana allá por 1966 la C.I.A. decidió que tenían este problema y el problema era un hombre llamado Nkrumah así es que lo mataron y antes de eso fue Patrice Lumumba y antes de eso fue mi padre en los terrenos de mi escuela de Ivy League y mi padre con miedo de caminar en dirección a la cafetería porque dijo que era una equivocación de edad equivocada de piel equivocada de identidad de género equivocada y estaba pagando mi escolaridad y antes de eso era mi padre diciendo que yo estaba equivocada diciendo que debería haber sido niño porque él quería uno/ un niño y que debiera haber tenido la piel más clara y que debiera haber tenido el pelo más liso y que no debería ser tan amante de los chicos que en cambio yo debería haber sido uno/un chico y antes de eso era mi madre implorando por una cirugía plástica para mí mi nariz y para mis dientes frenillos y diciéndome que suelte los libros en otras palabras que pierdan estoy muy interiorizada de los problemas de la C.I.A. y los problemas de Sudáfrica y los problemas de la Corporación Exxon y en general de los problemas de la América blanca y los problemas de los profesores y los predicadores y los del F.B.I. y los trabajadores sociales y mi madre y padre personalmente/estoy muy interiorizada de los problemas porque los problemas resultan ser yo yo soy la historia de la violación yo soy la historia del rechazo a quien soy yo soy la historia de la terrorífica encarcelación de mí misma yo soy la historia de los asaltos y la agresión y de ilimitados ejércitos en contra de todo lo que quiera hacer con mi cabeza y mi cuerpo y mi alma y sin importar si se trata de caminar en la noche o si se trata del amor que siento o si se trata de la santidad de mi vagina o de la santidad de mis fronteras nacionales o la santidad de mis líderes o la santidad de todos y cada uno de mis deseos que sé yo de mi personal e idiosincrásico e indiscutiblemente solo y singular corazón que he sido violada porque estoy equivocada, soy del sexo equivocado la edad equivocada la piel equivocada la nariz equivocada el pelo equivocado la necesidad equivocada el sueño equivocado la geografía equivocada el sastre equivocado yo he sido el significado de la violación he sido el problema que todos buscan eliminar a través de la penetración forzada con o sin la evidencia de mugre y/ pero no confundamos este poema no es que consienta yo no me entrego así como así a mi madre a mi padre a mis maestros al F.B.I. a Sudáfrica a Bedford-Stuy a Park Avenue a American Airlines a los ociosos de pene erecto en las esquinas a los rastreros en autos no estoy equivocada: Equivocada no es mi nombre Mi nombre es mío mío mío y no puedo decirte quién crestas hizo las cosas así pero sí puedo decirte que de ahora en adelante mi resistencia mi auto-determinación simple y cotidiana y nocturna puede muy bien costarte la vida. |
| Even tonight and I need to take a walk and clear my head about this poem about why I can't go out without changing my clothes my shoes my body posture my gender identity my age my status as a woman alone in the evening/ alone on the streets/alone not being the point/ the point being that I can't do what I want to do with my own body because I am the wrong sex the wrong age the wrong skin and suppose it was not here in the city but down on the beach/ or far into the woods and I wanted to go there by myself thinking about God/or thinking about children or thinking about the world/all of it disclosed by the stars and the silence: I could not go and I could not think and I could not stay there alone as I need to be alone because I can't do what I want to do with my own body and who in the hell set things up like this and in France they say if the guy penetrates but does not ejaculate then he did not rape me and if after stabbing him if after screams if after begging the bastard and if even after smashing a hammer to his head if even after that if he and his buddies fuck me after that then I consented and there was no rape because finally you understand finally they fucked me over because I was wrong I was wrong again to be me being me where I was/wrong to be who I am which is exactly like South Africa penetrating into Namibia penetrating into Angola and does that mean I mean how do you know if Pretoria ejaculates what will the evidence look like the proof of the monster jackboot ejaculation on Blackland and if after Namibia and if after Angola and if after Zimbabwe and if after all of my kinsmen and women resist even to self-immolation of the villages and if after that we lose nevertheless what will the big boys say will they claim my consent: Do You Follow Me: We are the wrong people of the wrong skin on the wrong continent and what in the hell is everybody being reasonable about and according to the Times this week back in 1966 the C.I.A. decided that they had this problem and the problem was a man named Nkrumah so they killed him and before that it was Patrice Lumumba and before that it was my father on the campus of my Ivy League school and my father afraid to walk into the cafeteria because he said he was wrong the wrong age the wrong skin the wrong gender identity and he was paying my tuition and before that it was my father saying I was wrong saying that I should have been a boy because he wanted one/a boy and that I should have been lighter skinned and that I should have had straighter hair and that I should not be so boy crazy but instead I should just be one/a boy and before that it was my mother pleading plastic surgery for my nose and braces for my teeth and telling me to let the books loose to let them loose in other words I am very familiar with the problems of the C.I.A. and the problems of South Africa and the problems of Exxon Corporation and the problems of white America in general and the problems of the teachers and the preachers and the F.B.I. and the social workers and my particular Mom and Dad/I am very familiar with the problems because the problems turn out to be me I am the history of rape I am the history of the rejection of who I am I am the history of the terrorized incarceration of myself I am the history of battery assault and limitless armies against whatever I want to do with my mind and my body and my soul and whether it's about walking out at night or whether it's about the love that I feel or whether it's about the sanctity of my vagina or the sanctity of my national boundaries or the sanctity of my leaders or the sanctity of each and every desire that I know from my personal and idiosyncratic and indisputably single and singular heart I have been raped because I have been wrong the wrong sex the wrong age the wrong skin the wrong nose the wrong hair the wrong need the wrong dream the wrong geographic the wrong sartorial I I have been the meaning of rape I have been the problem everyone seeks to eliminate by forced penetration with or without the evidence of slime and/ but let this be unmistakable this poem is not consent I do not consent to my mother to my father to the teachers to the F.B.I. to South Africa to Bedford-Stuy to Park Avenue to American Airlines to the hardon idlers on the corners to the sneaky creeps in cars I am not wrong: Wrong is not my name My name is my own my own my own and I can't tell you who the hell set things up like this but I can tell you that from now on my resistance my simple and daily and nightly self-determination may very well cost you your life |
Notas al pie de página:
* Verónica Zondek, nació en 1953 en Santiago; estudió Historia del
Arte en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ha publicado, en poesía, El Libro
de los Valles (2003); Entre Lagartas (1999), Membranza (1995),
Peregrina de mí (1993), Vagido (Ii) (1991), El Hueso de la
memoria (1988), La Sombra tras el Muro (1985), Entrecielo y
Entrelinea (1984). En traducción ha publicado Poemas de Derek Walcott
(1994). Se desempeña a la fecha como traductora y miembro del consejo de
redacción de la editorial Lom Ediciones de Santiago de Chile.
1. Jordan, June. 2005. "Poem About My Rights". Directed By Desire: The Collected Poems of June Jordan. Port Townsend, WA: Copper Canyon Press.
1. Jordan, June. 2005. "Poem About My Rights". Directed By Desire: The Collected Poems of June Jordan. Port Townsend, WA: Copper Canyon Press.
Para citar este artículo :
Verónica Zondek. 2006 . «June Jordan». Documentos
Lingüísticos y Literarios
www.humanidades.uach.cl/documentos_linguisticos/document.php?id=1295 (Dirección Electrónica)
www.humanidades.uach.cl/documentos_linguisticos/document.php?id=1295 (Dirección Electrónica)
domingo, 8 de julio de 2012
sábado, 7 de julio de 2012
domingo, 17 de junio de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
MESA organizada por la SEA, en la FERIA DEL LIBRO, coordinada por VICTOR REDONDO
de un lado, las disertantes de lujo, DIANA MAFFIA y la embajadora de Pakistán, NAELA CHOHAN. en el otro extremo, el poeta coordinador de la mesa, VÍCTOR REDONDO.. el tema convocante: femicidio y otras violencias de género.
las mujeres hablamos sobre mujeres.
sábado, 21 de abril de 2012
patriarcado
Según Gerda Lerner la constitución del Patriarcado tendría lugar mediante
un proceso que se alargó desde el año 3100 al 600 a. De C.
Era lógico que en los orígenes las mujeres ejercieran distintas funciones
que los hombres, debido a sus capacidades reproductoras y de crianza, pero eso
no las hizo inferiores. Eran recolectoras, poseían importantes conocimientos de
plantas, de ecología, de raíces y de sus propiedades alimenticias y medicinales,
amén del prestigio que gozaban como reproductoras de la especie.
Más probable es que el desarrollo de la guerra entre tribus durante
periodos de escasez económica propiciar el ascenso del poder masculino a través
de los triunfos militares. Las guerras son las que dan poder a los hombres sobre
otros hombres y sobre todas las mujeres. Es entonces cuando se inicia el
intercambio de mujeres con otras tribus como compensación por la derrota o bien
el rapto de mujeres pera atender las necesidades vitales de los grupos diezmado
por las guerras. En los primeros intercambios fueron las propias mujeres las que
colaboraron e incluso las que organizaban las bodas sin prever los resultados
finales.
Estos intercambios hicieron que la capacidad reproductora de las mujeres
fuera cosificada y que se pasara de estructuras matrilocales a sociedades
patrilocales: es la mujer la que es transferida, no el varón. El varón dentro de
otra tribu podría resultar un enemigo, no así la mujer ligada a su prole. De
este modo, las sociedades más complejas comenzaron a presentar una división del
trabajo no basada únicamente en las diferencias sexuales, sino jerárquicas,
instituyéndose también así la esclavitud. Es el inicio de los Estados arcaicos,
cuyo signo distintivo es la dominación.
Los hombres eran explotados principalmente como trabajadores, pero las
mujeres empezaron a ser explotadas como trabajadoras, como prestadoras de
servicios sexuales y como reproductoras, lo cual dio origen a un tipo específico
de dominio y de sometimiento.
Ya instituido este orden, resultaba que la dependencia del cabeza de
familia del rey o de la burocracia estatal se veía compensada por la dominación
que ejercía sobre su familia, como podemos comprobar en las recopilaciones
jurídicas mesopotámicas.
Así pues, la nueva familia se convierte en la pieza clave que mantiene toda
una estructura jerárquica de dominación, no sólo patriarcal, sino paternalista.
El dominado cambia sumisión por protección, trabajo no remunerado por
manutención. Los únicos privilegios entonces los que algunas mujeres podían
aspirar consistían en pertenecer a una clase superior susceptible de dominar a
hombres y mujeres de otra inferior, pero nada más.
La fidelidad a este orden impuesto se aseguró por la hegemonía masculina en
la creación de símbolos, a través de los cuales los humanos nos comunicamos y
conocemos. Y esta hegemonía se afirmó por dos imposiciones: la privación de
educación para las mujeres y el monopolio masculino de las definiciones.
“Solo se pueden generar ideas revolucionarias cuando los oprimidos
poseen una alternativa al sistema de símbolos y significados de aquellos que los
dominan”
Gerda Lerner
Extraído del libro ‘Matria. El horizonte de lo posible’ escrito por
Victoria Sendón de León.
Copypegado:
http://www.decrecimiento.info/2010/12/el-patriarcado.html
Copypegado:
http://www.decrecimiento.info/2010/12/el-patriarcado.html
violencia de género
Perla Prigoshin: “Si no se habla de las mujeres, las mujeres no existimos desde el lugar que queremos existir”
diciembre 30, 2010
Por Lorena Morena (Para Oveja Negra / Agosto 2010)
Es un huracán que arrasa con todo a su paso. Bajita, pequeña, con su pelo rojo ensortijado entra a la sala saludando a todo el mundo, dando indicaciones, felicitando, agradeciendo. La doctora Perla Prigoshin, Directora Nacional de Protección y Articulación de Acciones Directas del Consejo Nacional de las Mujeres es hiperactiva y no para. Dice que no duerme desde su adolescencia, cuando tuvo a su primer hijo y las noches las aprovechaba para estudiar. Esa costumbre se volvió crónica.
“Estamos felices por la reglamentación de la nueva ley, aunque signifique muchísimo trabajo”, confiesa quien será la autoridad de aplicación de la ley 26.485, sancionada en 2009 y reglamentada el pasado 19 de julio, que regula diversas situaciones de violencia hacia las mujeres y prevé sanciones a los responsables.
Prigoshin, autodenominada “feminista nacional y popular”, trabajó incansablemente por esta ley, que por primera vez permite proteger a las mujeres, de manera nacional y provincial, contra la violencia física, sicológica, simbólica, económica y patrimonial. Un reclamo de mucho tiempo que abarca la lucha, además de la violencia física, por igual trabajo a igual tarea, eliminación de lenguaje sexista en los medios, acoso y maltrato laboral y violencia mediática.
Mate de por medio, desentraña los beneficios de la ley y confiesa no poder dejar de “visualizar con perspectiva de género todo. No puedo evitar esa mirada, que me jode el “hijo de puta”, ¿Porqué tienen que meterse con el hijo de una prostituta?”.
¿Cuáles son las acciones más inmediatas que el estado debe tener con respecto a la violencia de género?
El primer abordaje tiene que ver con la prevención y la sanción, es decir la pena y la atención a la víctima. Es importante distinguir entre lo urgente y lo importante. La atención es aquí y ahora, es lo urgente.
¿Cómo es la legislación del mundo a nivel mundial?
No en todos los países del mundo hay legislación. Hay en algunos países de Europa como España, que es muy interesante. En América Latina tiene legislación Venezuela, México. La de Venezuela distingue varios tipos de violencia. La nuestra contempla además la violencia obstétrica que no está en la venezolana
¿Qué abarca la violencia obstétrica?
Se refiere a la no contención en el momento del parto, cesáreas innecesarias. Hay reglas que sacó la OMS (Organización Mundial de la Salud) para el parto humanizado, que no se difunde demasiado pero que existen, y que deben ser respetadas.
¿Qué engloba la violencia simbólica?
Es toda aquella violencia que tiende a cronificar los roles estereotipados. Cuando se habla del genérico masculino y se refiere también a las mujeres, por ejemplo. Yo en el Consejo hablo en femenino todo el tiempo, es un poco de reparación histórica. Los varones están acostumbrados a ser nominados y desde el periodismo se sabe que el lenguaje no es neutro y lo que no se nombra no existe. El lenguaje sexista, el que invisibiliza a la mujer es violencia simbólica. Pero que trasciende el lenguaje, además va en la imagen.
¿Desde dónde podemos ir cambiado este lenguaje sexista que ya es una costumbre?
Desde todos los lugares. Desde el hogar, la escuela. Son espacios que hay que utilizar. Los padres y madres debemos influir en la formación de nuestros hijos e hijas nombrándolos en plural. Las mujeres somos las principales productoras del sistema patriarcal, porque, por esta división cultural del trabajo, somos nosotras las que a veces fomentamos este tipo de lenguaje y costumbres. ¿Quién habilita a que el varón pueda llegar más tarde que la mujer cuando salen? ¿Por qué se le insiste, todavía, a un varón que siga una carrera?
¿Se puede ver como una lucha superficial?
A mi me dicen “Esta Pergishin es tan pesada, habiendo cosas tan importantes por las que ocuparse” y les respondo: ¡También el lenguaje!. Hagamos el esfuerzo de modificarlo. Cuando no se hablaba de violencia, la violencia no existía. Si no se habla de las mujeres, las mujeres no existimos desde el lugar que queremos existir. No desde “son un mal necesario” o “tengo que volver a mi casa sino la bruja me mata”.
¿La violencia mediática que abarca?
La violencia mediática, para la ley y la reglamentación, es la naturalización de los estereotipos, tanto para lo que se dice en los medios como lo que se muestra en las publicidades sobre mujeres.
¿Por qué las personas son violentas? ¿Es una cuestión genética, cultural, de aprendizaje…?
La violencia no es una enfermedad. No se nace violento sino que se aprende. Es como la solidaridad, se aprende. Es una conducta adquirida en el hogar, en la escuela, en los programas de televisión, con los amigos en el club. No viene en los genes, pero si se ve al papá, al tío, al abuelo ser violentos esa conducta agresiva se naturaliza, entonces se reproduce. Pero no es algo hereditario, no es una eximición de responsabilidad sobre males mayores. El venir de una familia violenta, o ser alguien agresivo, no lo exime de responsabilidad ante una conducta violenta. No es “pobrecito el muchacho”.
En lo que va del año en nuestro país, un 40% más de mujeres fueron asesinadas como consecuencia de violencia de género, en relación al mismo periodo del año pasado según un relevamiento del Observatorio de Femicidios. 126 de esas muertes fueron en manos de esposos, parejas, novios o ex parejas. En 18 de estos casos, la victima ya había realizado una denuncia por agresiones previas contra el acusado.
¿Qué pasa con la mujer cuando denuncia, el agresor va a la cárcel y después sale?
La asistencia y el cuidado de una mujer exceden la temática de la prisión. La cosa no sólo pasa por estar en la cárcel, no se arregla con eso. Alguna vez va a salir y puede salir peor, con resentimiento. Si se sabe cuándo puede estar en libertad hay que acompañar a la mujer de otro modo, hay que instrumentar mecanismos de protección que no son ponerle un policía al lado.
¿Y cómo se puede instrumentar?
La responsabilidad social es muy importante. Hay fundaciones que trabajan con barrios populares y tienen sistemas de alarma entre vecinos. Cuando aparece el violento, comenzaban a sonar sartenes, cacerolas. El hombre violento sabía que estaba siendo vigilado y era un arma disuasoria mas que importante. Es algo de alerta barrial, del edificio, del trabajo. Pero además, de solidaridad. Si la sociedad no se mete, estamos en problemas. El Estado debe sensibilizar respecto a esto. No hacernos el distraído porque mañana puede ser tu hijo.
¿Cualquiera puede denunciar un acto de violencia contra una mujer?
La ley habilita la denuncia por parte de cualquiera si ve que una mujer es violentada, no tiene que tener la aprobación de la mujer. Un avance que es complementario es la obligatoriedad para algunas personas a denunciar, como por ejemplo el funcionario público, pero facultados estamos todas y todos. En el momento de trabajar con la ley nos preguntábamos como hacer si la mujer no ratificaba la denuncia. En la reglamentación se aclara que si no ratifica no va a archivo, no se pierde la denuncia queda pendiente, latente hasta que la mujer la rectifique porque muchas veces las mujeres no ratifican inmediatamente la agresión, por un estrés postraumático o miedo.
¿En que puede mejorarse esta ley?
Se podría mejorar las sanciones frente a las temáticas de violencia. Por ejemplo, en la violencia laboral, donde es suficiente la tipificación de la agresión para que la mujer pueda darse por despedida sin justa causa, pero muchas veces las mujeres no estamos en libertad de darnos por despedidas. Me gustaría algo más directo. Por otro lado, la violencia no viene siempre del superior jerárquico. La ley configura a los actos de violencia laboral a los cometidos por un compañero de trabajo de la mujer. Y la violencia laboral no es solo violencia sexual, sino que hablamos de igual remuneración por igual valor de tarea, no posibilidad de ascenso o de acceso a la empresa, negarle el trabajo o las herramientas de trabajo. Todo es perfectible.
Ya no queda más agua en el termo y el atardecer se puede ver por los ventanales de la oficina que da a Paseo Colon. Pero Perla todavía tiene varias asignaturas pendientes acerca de la problemática de género, que le dan vueltas en la cabeza, habla sobre ellas y que le quitan el sueño.
martes, 17 de abril de 2012
VIOLENCIA DE GÉNERO Mesa organiza SEA (Sociedad de escritoras y escritores de la Argentina) coordina el poeta Víctor Redondo domingo 22 abril 18.30 h
domingo, 4 de marzo de 2012
la palabra presidenta

7 de abril de 2011
‘Presidenta’, en femenino: es correcto
por Manual
Circula por internet un documento que aduce una serie de razones pseudogramaticales para censurar el uso del femenino presidenta, que, sin embargo, está aceptado por la RAE.
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Circula por internet un documento que aduce una serie de razones pseudogramaticales para censurar el uso de femeninos como presidenta. La parte fundamental de la explicación dice:
El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”. ¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “el que tiene entidad”, en definitiva “el que es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación “-nte”. Así, al que preside, se le llama “presidente” y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.
Esta argumentación se basa en tres afirmaciones:
que el participio activo del verbo ser es ente,
que la terminación -nte que añadimos a los participios activos de los verbos procede de ente,
que dicha terminación se toma de ente porque este denota entidad o significa ‘el que es’.
Sin embargo:
1. El participio activo del verbo ser no es ente. El único participio que actualmente tienen, de forma general, los verbos españoles, es el de perfecto (por ejemplo sido, para el verbo ser, o comido para comer). Solo algunos verbos tienen entre sus derivados los llamados participios activos, que hoy se consideran sustantivos (como presidente) o adjetivos (como atacante o cantante). El verbo ser tuvo en el pasado una forma de participio activo hoy perdida, pero no era ente sino eseyente.
2. La terminación -nte no procede de ente. Nuestro sustantivo ente (que, como se ha dicho, no es el participio del verbo ser) sí que deriva, sin embargo, de ens, entis, participio de presente del verbo latino esse (‘ser, estar’). Pero el hecho crucial no es que el participio del verbo ser en latín tuviera esta forma entis, sino que todos los participios de presente del latín tenían esta misma forma: e-ntis, ama-ntis, lege-ntis, capie-ntis, etc. Obviando la raíz verbal y la vocal temática que quedan a la izquierda del guión, en todas estas formas lo que encontramos es la secuencia -nt- y la terminación -is, desinencia de caso genitivo.
Esta secuencia -nt- es un infijo, un elemento que se inserta en el interior de una palabra, y es una marca morfológica que indica un subtipo concreto de declinación por el que se guían algunas de las palabras que forman parte de la tercera declinación latina. Este mismo infijo, y este mismo submodelo de declinación (llamado precisamente temas en -nt-), está presente también en otras lenguas, como el griego clásico. Aunque por este modelo de temas en -nt- se declinan solo unos pocos sustantivos y adjetivos, en la práctica es muy productivo, porque es el modelo por el que se declinan todos los participios de presente activos de todos los verbos latinos y varios de los participios del griego clásico.
3. La terminación -nte no se toma de ente porque este denote al ser. El hecho de que esta secuencia -nt- aparezca no solo en ente, sino en todos los participios de los verbos latinos e incluso en otros adjetivos (como prudentis, ‘prudente’), sustantivos (como /leontos/, ‘león’ en griego) y determinantes (como /panta/, ‘todo’ en griego) prueba que esa -nt- no ha sido nunca, a lo largo de su historia, marca de entidad o de existencia. Nunca, por sí sola, ha denotado al ser, al ente. Llegó a denotar, en latín, al ente al entrar en interacción con el verbo ser, pero entró en contacto con este verbo, como entró en contacto con todos los demás verbos latinos, pues no es más que una marca morfológica de la que los verbos se sirven para declinar una de sus formas no personales, el participio.
Lo que históricamente existe es este infijo -nt- y no la terminación -nte. Recordemos que en las formas amantis o legentis la terminación –is es marca de genitivo, pero este es solo uno de los seis casos que tienen las declinaciones latinas. Estas declinaciones establecen distintas terminaciones en función del caso, del género y del número: un participio como entis puede tener potencialmente hasta 24 desinencias, es decir, 24 terminaciones después del infijo -nt- (entem, entis, enti, entium, entia, etc.) que se encargan precisamente de marcar el caso, el número y el género. Nada, por tanto, en la morfología histórica de este elemento -nt- impide que las palabras que se forman con él tengan una forma distinta para el género femenino; es más, históricamente este infijo ha formado parte de palabras que explícitamente diferenciaban el género.
Por último. Es cierto que el español conserva este infijo fundamentalmente en la terminación -nte, y es fácil caer en el error de creer que la emplea solo para referirse a la persona que realiza la acción del verbo (presidente el que preside, cantante el que canta, atacante el que ataca). Sin embargo esto no es una verdad absoluta: ni todos los verbos se refieren al agente con esta terminación, ni siempre que esta terminación aparece se asocia a la persona que lleva a cabo la acción del verbo.
Los que luchan, los que inventan, los que trabajan, los que corren, etc. no son los luchantes, los inventantes, los trabajantes, etc. sino el luchador y la luchadora, el inventor y la inventora, el trabajador y la trabajadora. El español actual conserva, además, casos en los que este infijo es más una mera marca gramatical (heredera de un antiguo participio que hoy ya no se siente como tal): mediante, de mediar; durante, de durar; o bastante, de bastar. Y de hecho, en el español de otras épocas estas palabras tenían forma en plural (era, por ejemplo, posible decir ellas durantes).
Nada en la morfología histórica de nuestra lengua, ni en la de las lenguas de las que la nuestra procede, impide que las palabras que se forman con este componente tengan una forma para el género femenino. Las lenguas evolucionan y en esa evolución se transforman. Estos cambios se deben a muchas causas, algunas son causas internas (evoluciones fonéticas, por ejemplo); otras son externas, el contacto con otras lenguas o el cambio en las sociedades que las hablan. Para que una lengua tenga voces como presidenta, solo hacen falta dos cosas: que haya mujeres que presidan y que haya hablantes que quieran explícitamente expresar que las mujeres presiden. Si esas dos circunstancias se dan, ninguna supuesta terminación, por muy histórica que sea su huella, frenará el uso de la forma femenina (pregúntese el lector por qué no se han levantado voces contra el uso del femenino sirvienta). Pero es que, además, en el caso de este infijo concreto, la historia de nuestra lengua y la de las lenguas que la precedieron pueden llegar a avalar el uso de voces como presidenta, pues al hilo de esta explicación parecen ser menos conservadoras que la variedad actual.
FUENTE: ESTILO, Manual para nuevos medios
sábado, 21 de enero de 2012
salvadora onrubia
EN EL CENTRO, LA DESCENTRADA
Poeta, dramaturga, ensayista y cuentista, Salvadora Onrubia fue militante tanto en el anarquismo como en el feminismo. Abuela de Copi y pareja de Natalio Botana, el fundador de Crítica, fue la primera mujer que dirigió un diario en la Argentina. Su nuera hace el retrato íntimo de ella y adelanta un poemario inédito que permaneció archivado desde 1918.
Por Alicia Villoldo Botana
Salvadora Medina Onrubia (La Plata, 23 de marzo de 1894/Buenos Aires, 21 de julio de 1972) me recibió en su salón de Rodríguez Peña y Avenida Alvear una tarde de septiembre de 1968. Iba yo a convertirme en la mujer de Jaime (a) Copito de nieve/Tito, su hijo predilecto después del fallecido Carlos Natalio (a) Pitón –el hijo “natural” (así se los llamaba cuando no eran legalmente reconocidos por su padre)– con quien se había trasladado en 1913 a la capital para continuar una trayectoria periodística iniciada en Entre Ríos. Allí trabajó como maestra rural entre 1910 y 1913 mientras colaboraba en el Diario de Gualeguay y en las revistas PBT y Fray Mocho, de Buenos Aires.
La conocí cuatro años antes de morir, ya enferma de leucemia, con su gato negro caminando por la mesa donde hacía sus solitarios de naipes. Confieso que estaba impresionada por la trascendencia del encuentro; casi no abrí la boca más que para contestar sus dos únicas preguntas: cuáles eran mis apellidos y si estaba embarazada de su hijo como para casarme con él. Como todos la llamaban “vieja”, en mis siguientes visitas asimilé el apelativo familiar y cariñoso hasta que mi cuñada Georgina Nicolasa (a) China me dio un reto de órdago por lo que consideró una falta de respeto de mi parte, de modo que opté por una discreta invisibilidad.
No tuve suficiente tiempo para tratarla a fondo y conocer en vida su obra literaria. Todo lo que sabía de ella me llegaba, a mis ignorantes 20 años, desde los chismorreos de sus hijos: no todo era ni veraz ni objetivo ni afectuoso, por lo que haber usado entonces el verbo conocer me resulta ahora excesivo en tanto y cuanto implica comprender a un ser humano en su esencia, sorteando sus contradicciones y esa máscara visible –el personaje– detrás de la que todos nos escondemos para protegernos.
Solo ahora, después de un larguísimo autoexilio en España y de haber investigado la personalidad de Salvadora a través de sus obras teatrales, cuentos y discursos, me atrevo a afirmar que he descubierto, no a mi suegra, sino a una mujer formidable del panorama político y literario del siglo XX.
¿Por qué se ha tardado tantísimos años en otorgarle a Salvadora Medina el lugar que le reconocía su secretaria, la poeta Emma Barrandeguy (Salvadora Medina Onrubia: Una mujer de “Crítica”, Vinciguerra, 1990), junto a Alfonsina Storni y Victoria Ocampo? Hubo un momento en Argentina (1924/25) en que las tres publican simultáneamente: De Francesca a Beatrice, de Ocampo; Akasha, de Medina Onrubia; y Ocre, el libro más original de Storni. Si la erudición de Ocampo era aristocrática y elitista y las sublimes imágenes de Alfonsina nacían de su talento poético, es Salvadora quien consigue trascender a la escena desde donde se burlará del pudor que la época exigía a la mujer. Consigue transmitir, retratándose en su dramaturgia con irónica inteligencia y osada valentía, el ideario político y social que sostendrá a lo largo de su existencia.
Permítaseme la anécdota personal: algunas tardes, cuando la llevaba a dar un paseo por su el barrio, me pedía que nos detuviéramos frente al supermercado de capitales norteamericanos que aún existe en la calle Vicente López para gritar (ella): “Abajo el capitalismo, fuera yanquis de América latina”.
Lo hacíamos a escondidas de la familia.
Oportunas son la afirmación y las cuestiones que Josefina Delgado plantea en su Estudio Preliminar de Las descentradas y otras piezas teatrales - Salvadora Medina Onrubia (Colección Los Raros. Biblioteca Nacional Ediciones Colihue):
“... Y tampoco se le va a perdonar que abandone la casa para ocuparse de los hijos de las otras: léase Simón Radowitzky (el joven emigrado polaco que mató al jefe de policía porteño Ramón Falcón en 1907, para vengar la represión que había dirigido el 1º de mayo contra los anarquistas y encarcelado en la austral Ushuaia por 20 años hasta que Salvadora le arrebata el indulto al presidente Hipólito Yrigoyen durante una sesión de espiritismo), o América Scarfó, la viuda de Severino Di Giovanni. Me pregunto: ¿tramar dos fugas del penal de Rawson, donde Simón se pudría, es jugar a la militancia? ¿Rechazar el indulto del general Uriburu y llamarlo “fantoche con bigotes” desde su celda en la cárcel del Buen Pastor, es jugar a la militancia...?”.
¿Obnubilarse temporalmente con éter para soportar el dolor del hijo muerto es jugar a la maternidad?
No comparto que la “novela biográfica de Salvadora...” –prolífica y exitosa entre los años veinte y treinta– “... con un relampagueante epílogo en los cuarenta, cuando el diario Crítica es expropiado por el gobierno de Perón,[...] concluye con la muerte de Natalio Botana”.
Salvadora no se termina ni con la dolorosa desaparición de su hijo mayor ni con el fallecimiento de su marido ni con la expropiación de su diario ni con la pérdida absoluta de sus bienes materiales. Salvadora continúa viviendo sus karmas, escribiendo, amando a sus nietos y sobrinas, discutiendo con sus hijos y profundizando los estudios de teosofía con notables talento y energía.
“CON SANGRE, SUDOR Y LAGRIMAS HE GANADO MI DERECHO A LA NAUSEA”
Parafraseando a sir Winston Churchill, esa expresión fue el punto final que pone Salvadora en su libro Crítica y su verdad, donde relata el proceso que culminó con la apropiación del diario. Es posible (y ésta es una opinión personal) que el incidente con Eva Duarte por una carta que Salvadora le escribe desde Crítica, cuya dirección asume muerto Natalio –víctima de un accidente automovilístico teñido de sospechas nunca aclaradas– haya contribuido a su destierro del Parnaso literario y de la acción pública.
Escribe esa carta a pedido de Perón, como una defensa de Eva de las burlas que la oligarquía le inflige durante su gira por la España de Franco.
La misiva decía: “Nunca mires, Evita, las miserias del suelo. Lucha y sirve a tu ideal desde el lugar que el destino –que es el aspecto exterior de las fuerzas que rigen y ordenan el mañana del mundo– sabe por qué ha preparado para ti, porque no sirves al azar. Sabe, Evita, que la jornada de servicio es corta y preciosa y que el derecho a servir exige y demanda las facultades íntegras de cada ser... No te gastes mirando el suelo. Trabaja. Sirve. Da con ese tu seguro don sereno y eficaz, de saber dar... Y ten por cierto que no estás sola, ni en el sentido de poder material, ni en el otro, en el espiritual; que quien sirve con fe, amor y desinterés a un gran ideal de superación es, a su vez, servido”.
Aventuro que su intención fue transmitirle a Eva Duarte el espíritu de lucha que ella tenía como anarquista, feminista, madre soltera, audaz escritora y teósofa. Los maledicientes cercanos al poder, con poca sutileza y mayor perversidad, interpretaron la repetición del verbo servir como una aviesa intención de Salvadora de aplicar el apelativo de sirvienta a la primera dama.
Cuando se ahonda en su militancia política, en su ideología anarquista, en su ética de solidaridad libertaria; cuando se advierte lo prolijo y novedoso de sus escritos, y se escarba en el altruismo con que se prodigó a sus familiares, amigos, y compañeros de lucha –a quienes llamaba “los corbatas voladoras”– podemos releer esa carta desde otra perspectiva, ya que es evidente que nada más ajeno al desprecio puede deducirse de la misma. Pero ese mensaje, malinterpretado por Eva, fue el detonante para que el gobierno activara la maquinaria de una expropiación ejecutada bajo la farsa de una humillante y miserable venta.
UN FLECHAZO PREVISIBLE
1914. Una joven y bellísima pelirroja atraviesa la redacción de Crítica con una obra de teatro bajo el brazo, Almafuerte, resuelta a pedir apoyo al patrón para ponerla en escena. Tiene 20 años. Ya se ha fogueado en las huelgas de la época.
El 1º de febrero de ese año, subida al palco elevado en la esquina de México y Paseo Colón, en medio de un mitin organizado por la FORA contra las leyes de represión y por la libertad de sus amigos anarquistas presos, Barrera y Antelo, toma la palabra. Dos días después ingresa como redactora en el diario La Protesta, órgano del movimiento ácrata y dirigido por el poeta Alberto Ghilardo, insuflando sus notas de un contenido pro liberación de presos políticos, que no abandonará durante la década del veinte.
Botana, desde Crítica, la disculpa por su “inocente ingenuidad de incorporarse a un diario subversivo”. Salvadora responde “cuando un periodista es leal a sus ideas no debe retacear su pluma para defenderlas”.
Socorrió a los heridos en la Semana Trágica el 7 de enero de 1919, llevando consigo a su hijo Pitón, para que “se fuera enterando de lo que era la lucha social”. Juntos formaron parte del cortejo fúnebre de los caídos el día anterior cerca de la fábrica Vasena. Ella lo cuenta: “Cargaron los ‘cosacos’, asesina caballería montada de añamenbuyses bravos que atropellaban a quien podían, quedando en el lugar seis obreros muertos”.
El día del entierro toma la palabra, pero es interrumpida por la policía: “En ese momento cargaron los cosacos sobre todos”. Su amigo anarquista Sebastián Marotta –quien años después sería el dirigente sindical de los gráficos, preso por la huelga contra Perón en 1949 y que en 1955 recupera la conducción del gremio– tomó a Salvadora de las piernas y la tiró junto a él en la fosa abierta: “Pasaron los caballos sobre nuestras cabezas llenándonos de tierra. No sé cómo Marotta pudo salir y sacarme de la fosa. No encontraba a mi hijo, se me había perdido en el tumulto, pero al llegar a la sede anarquista en México 2070, lo hallamos durmiendo en un banco”.
¿Cómo iba a ser aceptada una mujer de este calibre y porte en aquella sociedad pacata y conservadora? ¿Podía una personalidad de su talante y biografía menospreciar a Eva Duarte? Sus hermanos anarquistas la llamaban la Virgen Roja por su parecido con la heroína de la Comuna de París. Pero de su anarquismo a ultranza hacía mofa Natalio Botana.
No obstante, sucede lo previsible cuando la impresionante pelirroja cruza la redacción de Crítica con su Almafuerte: ambos se enamoran de modo fulminante. Convivirán sin ataduras hasta que, al nacer su hija, Salvadora legaliza, a su pesar, su unión con el magnate para que Georgina “además de ser mujer, no sea considerada ilegítima”.
SUS CONTRADICCIONES NO LA CONDENAN
Es notable su relación de amor-odio ante la estructura monogámica, la crítica al matrimonio y la familia tradicional aunque se advierte, también, cierta fascinación por el poder patriarcal: madre soltera por convicción ideológica, escoge un hombre poderoso y perteneciente a una familia tradicional de una clase superior a la suya. Tiñe sus escritos de elementos místicos y espiritualistas orientales cuando la filosofía anarco-comunista, siendo atea y racionalista, no concuerda con las creencias ocultistas, pero Salvadora incurre en esa contradicción, atraída por las ciencias ocultas como parte de su interés por lo exótico y, sobre todo, por lo prohibido.
Aunque anarco-feminista, cumple y no reniega de la función materna, protagonizando situaciones conflictivas y trágicas, pero logra constituirse en la primera escritora de teatro anarquista, con una inmensa popularidad favorecida por la influencia del teatro social europeo de fines del siglo XIX, en especial de Ibsen.
Almafuerte (1914) es la primera obra teatral netamente anarquista que se pone en escena en nuestro país. Las descentradas (1928), estrenada en el teatro Odeón, es una obra clave del anarco-feminismo y un verdadero éxito para la crítica. Elvira, una de sus protagonistas, representa una alianza entre mujeres de diferente origen que ya no necesitan involucrarse en luchas obreras para cuestionar su propia identidad, la que surge plena como necesidad personal y que la lleva a replantearse el valor del matrimonio (que rompe), del amor (que experimenta con un amante) y de su relación con las mujeres. Este planteo ideológico establece una novedad, pero la contemporaneidad no la comprendió cabalmente, lo cual muestra el grado de vanguardia en que ella desarrolló su vida y su prédica.
Salvadora llamaba la atención porque manejaba su Rolls-Royce, gesto que practicaban otras mujeres de la clase alta. Lo que la hacía única, y que no se le perdonó –como luego sucedería con Evita– era que ella no provenía de la oligarquía sino de la emergente clase media. Borrada de la historia por la cultura oficial, muchas décadas después es redescubierta y sus textos resultan vigentes y luminosos para la crítica femenina actual.
En Almafuerte su planteo es brutal porque el personaje femenino se prostituye para alimentar a su familia, cuestionando así el amor burgués sancionado con el contrato matrimonial; y las soluciones propuestas son rupturistas y de lealtad con el ser humano. Para alguna de sus investigadoras, el alter ego de Salvadora en Las descentradas es Gloria; no Elvira, y se comprende al final de la obra.
En cuanto a su estilo, Salvadora es la que escribe la obra dentro de otra obra, utilizando el recurso literario de la circularidad como innovación notable.
Gloria es la que observa y aconseja, y está sola asumiendo su libertad de mujer escritora, alejada de sus hijos, que se divorcia a pesar de sus consecuencias. Elvira también se divorcia pero desea retornar al “abismo medroso del casamiento”, según expresión de Delmira Agustini. Elvira tiene mucho de Salvadora en su rebeldía y fidelidad: no traiciona a su amiga, pero tiene la lucidez de saber que el personaje masculino seguirá adelante con el fantasma de Gracia por esa búsqueda misógina de pureza e inocencia, que era lo que pedían los varones del momento a la feminidad.
ACTOS DE AMOR
El 18 de abril de 1932 se constituye en Buenos Aires la Agrupación de Mujeres de Letras y Artes, integrando la primera comisión Salvadora, Alfonsina Storni, Julia García Gámez, Adela García Salaberry, Adelia Di Carlo, Raquel Adler y Sara de Etcheverts. También se inaugura, en el Hotel Castelar, el grupo Signos, del cual Salvadora fue asidua concurrente junto a Alfonsina y Hayde Ghío; y Federico García Lorca, el invitado de lujo.
Alfonsina dedica su Antología poética a Salvadora y a Felisa Ramos Mozzi “que estuvieron a la cabecera de mi cama en momentos amargos”; recordando su intervención quirúrgica y la estadía en Los Granados. Alejandro, el hijo de Alfonsina, quería tanto a Salvadora como ella lo adoraba pues veía mucho de su hijo Pitón en él.
Existía, además, una unidad como grupo: Darío, hijo de Horacio Quiroga, era amigo de Helvio y Eglé, que lo era más de Tito, trabajó años en Crítica como traductora. Si Salvadora no hubiera facilitado los trámites para trasladar el cuerpo de Alfonsina desde Mar del Pla-ta, su amiga hubiera quedado allí, pero ella la lleva a su bóveda en La Recoleta, junto a las cenizas de Wilkens. Así como Salvadora se hizo cargo de los gastos por el suicidio de Alfonsina, así Natalio asumió la cremación y traslado de las cenizas de Horacio Quiroga al Uruguay.
Mi intención ha sido mostrarles a la Salvadora que descubrí leyéndola y haciendo caso omiso de su leyenda y mito.
Gloria Machado, presente junto a su lecho de muerte, testimonia en su libro que sus últimas palabras no fueron “odio, odio “, sino “Oh, Dios... oh Dios”.
¡La paz sea contigo, vieja!
El Mundo Es Así
Cuando era pequeña
en cosas creí
tan encantadoras...
jugando y soñando
pasaban mis horas
y yo me decía:
El mundo es así...
Fueron mis muñecas
desde que leí
hadas y pastoras
bravos caballeros
y princesas moras...
qué bello -pensaba-
El mundo es así...
Más tarde viviendo
a mi lado vi
penas y dolores
mi madre me dijo
no todas son flores
es la vida hija
El mundo es así...
Cuando de la muerte
la mano sentí
llevarse a mi padre
yo gritaba loca...
con besos, mi madre
me dijo llorando
El mundo es así...
Más tarde yo he visto
como entonces vi
llegar a la muerte
dejar al caído
y llevarse al fuerte
no hay leyes que valgan
El mundo es así
Y cuando profunda
la vida sentí,
vi que en su vaivén
se hace a veces daño
queriendo hacer bien...
con pena pensaba
El mundo es así...
Cuando la maraña
de la tierra vi
como se tejía
de maldades solo
con pena decía
Señor, que miseria
El mundo es así...
(...)
Al que pide luz
como yo pedí
al que abre al ensueño
las almas cerradas
lo clavan a un leño
como al Nazareno
El mundo es así...
(...)
Solo hay una cosa
entonces la vi
de verdad sentida
vale bien la pena
de vivir la vida
si llega el amor
El mundo es así...
Que sol más brillante
el que entonces vi
qué flores más bellas
qué gentes más buenas
y cuantas estrellas
Dios mío me dije
El mundo es así...
Transmigración
Yo soy la hierofántida de la Melancolía
custodio en sus altares grandes vasos votivos
mi voz grave, ennoblece, serena, los motivos
piadosos de los salmos que canto cada día.
En los divinos tiempos que Grecia florecía
yo los fuegos sagrados mantuve siempre vivos
y ya sola en el templo con mis dioses esquivos
de un tajo abrí mis venas...En mi larga agonía
de las turbas cristianas yo escuchaba las voces
fui la última pagana que murió con sus dioses!
Hoy mi alma rediviva presiente que como antes
al templo que custodia llega la turba ansiosa...
Volveré a abrir mis venas, y a los pies de la diosa
las gotas de mi sangre serán como diamantes.
Salvadora O. de Botana
Mayo 3/1918 (manuscrito)
FUENTE: COPYPEGADO
Viernes, 20 de enero de 2012
PÁGINA 12 sábado 21/01/2012
Poeta, dramaturga, ensayista y cuentista, Salvadora Onrubia fue militante tanto en el anarquismo como en el feminismo. Abuela de Copi y pareja de Natalio Botana, el fundador de Crítica, fue la primera mujer que dirigió un diario en la Argentina. Su nuera hace el retrato íntimo de ella y adelanta un poemario inédito que permaneció archivado desde 1918.
Por Alicia Villoldo Botana
Salvadora Medina Onrubia (La Plata, 23 de marzo de 1894/Buenos Aires, 21 de julio de 1972) me recibió en su salón de Rodríguez Peña y Avenida Alvear una tarde de septiembre de 1968. Iba yo a convertirme en la mujer de Jaime (a) Copito de nieve/Tito, su hijo predilecto después del fallecido Carlos Natalio (a) Pitón –el hijo “natural” (así se los llamaba cuando no eran legalmente reconocidos por su padre)– con quien se había trasladado en 1913 a la capital para continuar una trayectoria periodística iniciada en Entre Ríos. Allí trabajó como maestra rural entre 1910 y 1913 mientras colaboraba en el Diario de Gualeguay y en las revistas PBT y Fray Mocho, de Buenos Aires.
La conocí cuatro años antes de morir, ya enferma de leucemia, con su gato negro caminando por la mesa donde hacía sus solitarios de naipes. Confieso que estaba impresionada por la trascendencia del encuentro; casi no abrí la boca más que para contestar sus dos únicas preguntas: cuáles eran mis apellidos y si estaba embarazada de su hijo como para casarme con él. Como todos la llamaban “vieja”, en mis siguientes visitas asimilé el apelativo familiar y cariñoso hasta que mi cuñada Georgina Nicolasa (a) China me dio un reto de órdago por lo que consideró una falta de respeto de mi parte, de modo que opté por una discreta invisibilidad.
No tuve suficiente tiempo para tratarla a fondo y conocer en vida su obra literaria. Todo lo que sabía de ella me llegaba, a mis ignorantes 20 años, desde los chismorreos de sus hijos: no todo era ni veraz ni objetivo ni afectuoso, por lo que haber usado entonces el verbo conocer me resulta ahora excesivo en tanto y cuanto implica comprender a un ser humano en su esencia, sorteando sus contradicciones y esa máscara visible –el personaje– detrás de la que todos nos escondemos para protegernos.
Solo ahora, después de un larguísimo autoexilio en España y de haber investigado la personalidad de Salvadora a través de sus obras teatrales, cuentos y discursos, me atrevo a afirmar que he descubierto, no a mi suegra, sino a una mujer formidable del panorama político y literario del siglo XX.
¿Por qué se ha tardado tantísimos años en otorgarle a Salvadora Medina el lugar que le reconocía su secretaria, la poeta Emma Barrandeguy (Salvadora Medina Onrubia: Una mujer de “Crítica”, Vinciguerra, 1990), junto a Alfonsina Storni y Victoria Ocampo? Hubo un momento en Argentina (1924/25) en que las tres publican simultáneamente: De Francesca a Beatrice, de Ocampo; Akasha, de Medina Onrubia; y Ocre, el libro más original de Storni. Si la erudición de Ocampo era aristocrática y elitista y las sublimes imágenes de Alfonsina nacían de su talento poético, es Salvadora quien consigue trascender a la escena desde donde se burlará del pudor que la época exigía a la mujer. Consigue transmitir, retratándose en su dramaturgia con irónica inteligencia y osada valentía, el ideario político y social que sostendrá a lo largo de su existencia.
Permítaseme la anécdota personal: algunas tardes, cuando la llevaba a dar un paseo por su el barrio, me pedía que nos detuviéramos frente al supermercado de capitales norteamericanos que aún existe en la calle Vicente López para gritar (ella): “Abajo el capitalismo, fuera yanquis de América latina”.
Lo hacíamos a escondidas de la familia.
Oportunas son la afirmación y las cuestiones que Josefina Delgado plantea en su Estudio Preliminar de Las descentradas y otras piezas teatrales - Salvadora Medina Onrubia (Colección Los Raros. Biblioteca Nacional Ediciones Colihue):
“... Y tampoco se le va a perdonar que abandone la casa para ocuparse de los hijos de las otras: léase Simón Radowitzky (el joven emigrado polaco que mató al jefe de policía porteño Ramón Falcón en 1907, para vengar la represión que había dirigido el 1º de mayo contra los anarquistas y encarcelado en la austral Ushuaia por 20 años hasta que Salvadora le arrebata el indulto al presidente Hipólito Yrigoyen durante una sesión de espiritismo), o América Scarfó, la viuda de Severino Di Giovanni. Me pregunto: ¿tramar dos fugas del penal de Rawson, donde Simón se pudría, es jugar a la militancia? ¿Rechazar el indulto del general Uriburu y llamarlo “fantoche con bigotes” desde su celda en la cárcel del Buen Pastor, es jugar a la militancia...?”.
¿Obnubilarse temporalmente con éter para soportar el dolor del hijo muerto es jugar a la maternidad?
No comparto que la “novela biográfica de Salvadora...” –prolífica y exitosa entre los años veinte y treinta– “... con un relampagueante epílogo en los cuarenta, cuando el diario Crítica es expropiado por el gobierno de Perón,[...] concluye con la muerte de Natalio Botana”.
Salvadora no se termina ni con la dolorosa desaparición de su hijo mayor ni con el fallecimiento de su marido ni con la expropiación de su diario ni con la pérdida absoluta de sus bienes materiales. Salvadora continúa viviendo sus karmas, escribiendo, amando a sus nietos y sobrinas, discutiendo con sus hijos y profundizando los estudios de teosofía con notables talento y energía.
“CON SANGRE, SUDOR Y LAGRIMAS HE GANADO MI DERECHO A LA NAUSEA”
Parafraseando a sir Winston Churchill, esa expresión fue el punto final que pone Salvadora en su libro Crítica y su verdad, donde relata el proceso que culminó con la apropiación del diario. Es posible (y ésta es una opinión personal) que el incidente con Eva Duarte por una carta que Salvadora le escribe desde Crítica, cuya dirección asume muerto Natalio –víctima de un accidente automovilístico teñido de sospechas nunca aclaradas– haya contribuido a su destierro del Parnaso literario y de la acción pública.
Escribe esa carta a pedido de Perón, como una defensa de Eva de las burlas que la oligarquía le inflige durante su gira por la España de Franco.
La misiva decía: “Nunca mires, Evita, las miserias del suelo. Lucha y sirve a tu ideal desde el lugar que el destino –que es el aspecto exterior de las fuerzas que rigen y ordenan el mañana del mundo– sabe por qué ha preparado para ti, porque no sirves al azar. Sabe, Evita, que la jornada de servicio es corta y preciosa y que el derecho a servir exige y demanda las facultades íntegras de cada ser... No te gastes mirando el suelo. Trabaja. Sirve. Da con ese tu seguro don sereno y eficaz, de saber dar... Y ten por cierto que no estás sola, ni en el sentido de poder material, ni en el otro, en el espiritual; que quien sirve con fe, amor y desinterés a un gran ideal de superación es, a su vez, servido”.
Aventuro que su intención fue transmitirle a Eva Duarte el espíritu de lucha que ella tenía como anarquista, feminista, madre soltera, audaz escritora y teósofa. Los maledicientes cercanos al poder, con poca sutileza y mayor perversidad, interpretaron la repetición del verbo servir como una aviesa intención de Salvadora de aplicar el apelativo de sirvienta a la primera dama.
Cuando se ahonda en su militancia política, en su ideología anarquista, en su ética de solidaridad libertaria; cuando se advierte lo prolijo y novedoso de sus escritos, y se escarba en el altruismo con que se prodigó a sus familiares, amigos, y compañeros de lucha –a quienes llamaba “los corbatas voladoras”– podemos releer esa carta desde otra perspectiva, ya que es evidente que nada más ajeno al desprecio puede deducirse de la misma. Pero ese mensaje, malinterpretado por Eva, fue el detonante para que el gobierno activara la maquinaria de una expropiación ejecutada bajo la farsa de una humillante y miserable venta.
UN FLECHAZO PREVISIBLE
1914. Una joven y bellísima pelirroja atraviesa la redacción de Crítica con una obra de teatro bajo el brazo, Almafuerte, resuelta a pedir apoyo al patrón para ponerla en escena. Tiene 20 años. Ya se ha fogueado en las huelgas de la época.
El 1º de febrero de ese año, subida al palco elevado en la esquina de México y Paseo Colón, en medio de un mitin organizado por la FORA contra las leyes de represión y por la libertad de sus amigos anarquistas presos, Barrera y Antelo, toma la palabra. Dos días después ingresa como redactora en el diario La Protesta, órgano del movimiento ácrata y dirigido por el poeta Alberto Ghilardo, insuflando sus notas de un contenido pro liberación de presos políticos, que no abandonará durante la década del veinte.
Botana, desde Crítica, la disculpa por su “inocente ingenuidad de incorporarse a un diario subversivo”. Salvadora responde “cuando un periodista es leal a sus ideas no debe retacear su pluma para defenderlas”.
Socorrió a los heridos en la Semana Trágica el 7 de enero de 1919, llevando consigo a su hijo Pitón, para que “se fuera enterando de lo que era la lucha social”. Juntos formaron parte del cortejo fúnebre de los caídos el día anterior cerca de la fábrica Vasena. Ella lo cuenta: “Cargaron los ‘cosacos’, asesina caballería montada de añamenbuyses bravos que atropellaban a quien podían, quedando en el lugar seis obreros muertos”.
El día del entierro toma la palabra, pero es interrumpida por la policía: “En ese momento cargaron los cosacos sobre todos”. Su amigo anarquista Sebastián Marotta –quien años después sería el dirigente sindical de los gráficos, preso por la huelga contra Perón en 1949 y que en 1955 recupera la conducción del gremio– tomó a Salvadora de las piernas y la tiró junto a él en la fosa abierta: “Pasaron los caballos sobre nuestras cabezas llenándonos de tierra. No sé cómo Marotta pudo salir y sacarme de la fosa. No encontraba a mi hijo, se me había perdido en el tumulto, pero al llegar a la sede anarquista en México 2070, lo hallamos durmiendo en un banco”.
¿Cómo iba a ser aceptada una mujer de este calibre y porte en aquella sociedad pacata y conservadora? ¿Podía una personalidad de su talante y biografía menospreciar a Eva Duarte? Sus hermanos anarquistas la llamaban la Virgen Roja por su parecido con la heroína de la Comuna de París. Pero de su anarquismo a ultranza hacía mofa Natalio Botana.
No obstante, sucede lo previsible cuando la impresionante pelirroja cruza la redacción de Crítica con su Almafuerte: ambos se enamoran de modo fulminante. Convivirán sin ataduras hasta que, al nacer su hija, Salvadora legaliza, a su pesar, su unión con el magnate para que Georgina “además de ser mujer, no sea considerada ilegítima”.
SUS CONTRADICCIONES NO LA CONDENAN
Es notable su relación de amor-odio ante la estructura monogámica, la crítica al matrimonio y la familia tradicional aunque se advierte, también, cierta fascinación por el poder patriarcal: madre soltera por convicción ideológica, escoge un hombre poderoso y perteneciente a una familia tradicional de una clase superior a la suya. Tiñe sus escritos de elementos místicos y espiritualistas orientales cuando la filosofía anarco-comunista, siendo atea y racionalista, no concuerda con las creencias ocultistas, pero Salvadora incurre en esa contradicción, atraída por las ciencias ocultas como parte de su interés por lo exótico y, sobre todo, por lo prohibido.
Aunque anarco-feminista, cumple y no reniega de la función materna, protagonizando situaciones conflictivas y trágicas, pero logra constituirse en la primera escritora de teatro anarquista, con una inmensa popularidad favorecida por la influencia del teatro social europeo de fines del siglo XIX, en especial de Ibsen.
Almafuerte (1914) es la primera obra teatral netamente anarquista que se pone en escena en nuestro país. Las descentradas (1928), estrenada en el teatro Odeón, es una obra clave del anarco-feminismo y un verdadero éxito para la crítica. Elvira, una de sus protagonistas, representa una alianza entre mujeres de diferente origen que ya no necesitan involucrarse en luchas obreras para cuestionar su propia identidad, la que surge plena como necesidad personal y que la lleva a replantearse el valor del matrimonio (que rompe), del amor (que experimenta con un amante) y de su relación con las mujeres. Este planteo ideológico establece una novedad, pero la contemporaneidad no la comprendió cabalmente, lo cual muestra el grado de vanguardia en que ella desarrolló su vida y su prédica.
Salvadora llamaba la atención porque manejaba su Rolls-Royce, gesto que practicaban otras mujeres de la clase alta. Lo que la hacía única, y que no se le perdonó –como luego sucedería con Evita– era que ella no provenía de la oligarquía sino de la emergente clase media. Borrada de la historia por la cultura oficial, muchas décadas después es redescubierta y sus textos resultan vigentes y luminosos para la crítica femenina actual.
En Almafuerte su planteo es brutal porque el personaje femenino se prostituye para alimentar a su familia, cuestionando así el amor burgués sancionado con el contrato matrimonial; y las soluciones propuestas son rupturistas y de lealtad con el ser humano. Para alguna de sus investigadoras, el alter ego de Salvadora en Las descentradas es Gloria; no Elvira, y se comprende al final de la obra.
En cuanto a su estilo, Salvadora es la que escribe la obra dentro de otra obra, utilizando el recurso literario de la circularidad como innovación notable.
Gloria es la que observa y aconseja, y está sola asumiendo su libertad de mujer escritora, alejada de sus hijos, que se divorcia a pesar de sus consecuencias. Elvira también se divorcia pero desea retornar al “abismo medroso del casamiento”, según expresión de Delmira Agustini. Elvira tiene mucho de Salvadora en su rebeldía y fidelidad: no traiciona a su amiga, pero tiene la lucidez de saber que el personaje masculino seguirá adelante con el fantasma de Gracia por esa búsqueda misógina de pureza e inocencia, que era lo que pedían los varones del momento a la feminidad.
ACTOS DE AMOR
El 18 de abril de 1932 se constituye en Buenos Aires la Agrupación de Mujeres de Letras y Artes, integrando la primera comisión Salvadora, Alfonsina Storni, Julia García Gámez, Adela García Salaberry, Adelia Di Carlo, Raquel Adler y Sara de Etcheverts. También se inaugura, en el Hotel Castelar, el grupo Signos, del cual Salvadora fue asidua concurrente junto a Alfonsina y Hayde Ghío; y Federico García Lorca, el invitado de lujo.
Alfonsina dedica su Antología poética a Salvadora y a Felisa Ramos Mozzi “que estuvieron a la cabecera de mi cama en momentos amargos”; recordando su intervención quirúrgica y la estadía en Los Granados. Alejandro, el hijo de Alfonsina, quería tanto a Salvadora como ella lo adoraba pues veía mucho de su hijo Pitón en él.
Existía, además, una unidad como grupo: Darío, hijo de Horacio Quiroga, era amigo de Helvio y Eglé, que lo era más de Tito, trabajó años en Crítica como traductora. Si Salvadora no hubiera facilitado los trámites para trasladar el cuerpo de Alfonsina desde Mar del Pla-ta, su amiga hubiera quedado allí, pero ella la lleva a su bóveda en La Recoleta, junto a las cenizas de Wilkens. Así como Salvadora se hizo cargo de los gastos por el suicidio de Alfonsina, así Natalio asumió la cremación y traslado de las cenizas de Horacio Quiroga al Uruguay.
Mi intención ha sido mostrarles a la Salvadora que descubrí leyéndola y haciendo caso omiso de su leyenda y mito.
Gloria Machado, presente junto a su lecho de muerte, testimonia en su libro que sus últimas palabras no fueron “odio, odio “, sino “Oh, Dios... oh Dios”.
¡La paz sea contigo, vieja!
El Mundo Es Así
Cuando era pequeña
en cosas creí
tan encantadoras...
jugando y soñando
pasaban mis horas
y yo me decía:
El mundo es así...
Fueron mis muñecas
desde que leí
hadas y pastoras
bravos caballeros
y princesas moras...
qué bello -pensaba-
El mundo es así...
Más tarde viviendo
a mi lado vi
penas y dolores
mi madre me dijo
no todas son flores
es la vida hija
El mundo es así...
Cuando de la muerte
la mano sentí
llevarse a mi padre
yo gritaba loca...
con besos, mi madre
me dijo llorando
El mundo es así...
Más tarde yo he visto
como entonces vi
llegar a la muerte
dejar al caído
y llevarse al fuerte
no hay leyes que valgan
El mundo es así
Y cuando profunda
la vida sentí,
vi que en su vaivén
se hace a veces daño
queriendo hacer bien...
con pena pensaba
El mundo es así...
Cuando la maraña
de la tierra vi
como se tejía
de maldades solo
con pena decía
Señor, que miseria
El mundo es así...
(...)
Al que pide luz
como yo pedí
al que abre al ensueño
las almas cerradas
lo clavan a un leño
como al Nazareno
El mundo es así...
(...)
Solo hay una cosa
entonces la vi
de verdad sentida
vale bien la pena
de vivir la vida
si llega el amor
El mundo es así...
Que sol más brillante
el que entonces vi
qué flores más bellas
qué gentes más buenas
y cuantas estrellas
Dios mío me dije
El mundo es así...
Transmigración
Yo soy la hierofántida de la Melancolía
custodio en sus altares grandes vasos votivos
mi voz grave, ennoblece, serena, los motivos
piadosos de los salmos que canto cada día.
En los divinos tiempos que Grecia florecía
yo los fuegos sagrados mantuve siempre vivos
y ya sola en el templo con mis dioses esquivos
de un tajo abrí mis venas...En mi larga agonía
de las turbas cristianas yo escuchaba las voces
fui la última pagana que murió con sus dioses!
Hoy mi alma rediviva presiente que como antes
al templo que custodia llega la turba ansiosa...
Volveré a abrir mis venas, y a los pies de la diosa
las gotas de mi sangre serán como diamantes.
Salvadora O. de Botana
Mayo 3/1918 (manuscrito)
FUENTE: COPYPEGADO
Viernes, 20 de enero de 2012
PÁGINA 12 sábado 21/01/2012
miércoles, 18 de enero de 2012
domingo, 13 de noviembre de 2011
julia kristeva
Julia Kristeva: "Psicoanálisis y literatura son la misma cosa"
Referente ineludible de las teorías lingüísticas, la relación entre la literatura y el psicoanálisis y las políticas de género, esta discípula del Roland Barthes estuvo en Chile donde aportó sus nociones a las manifestaciones estudiantiles y por estos días llega a Buenos Aires para dictar una serie de conferencias y recibir un Honoris Causa en la UBA.
POR Mauro Libertella
Tengo que confesar que cuando me hablan de Julia Kristeva, yo digo ¿quién es esa? Mi hijo me dice ‘no me gusta Julia Kristeva. Prefiero simplemente a Julia’. Yo estoy en un momento avanzado de mi vida, y al mismo tiempo no me siento en la hora de los balances. En mi familia, en Bulgaria, mi madre, de una genealogía de varias generaciones de misticismo judío religioso, era bióloga, y me había transmitido el darwinismo. Mi padre era muy creyente, y había hecho el seminario antes de ser médico; esa era su forma de resistir un poco al comunismo duro. A través de lecturas nos transmitió el amor por las lenguas, pero su religión era sobre todo la cultura. Me empujaban fervientemente a mí y a mi hermana a aprender lenguas extranjeras. Bulgaria, además, es el único país del mundo que festeja un día de la cultura, todos los 24 de mayo, que es el día de la creación del alfabeto eslavo. Sé, por lo pronto, que en ese contexto me crié. Cuando llegué a Francia, al alba del año 68, cuando la universidad francesa empezaba a desperezarse, recalé directamente en los cursos de Roland Barthes y de Emile Benveniste. Que yo fuera una mujer no era un obstáculo. No había muchas mujeres, y tampoco muchas extranjeras, por lo que me había erigido en una especie de curiosidad. Yo tuve suerte de haber caído en ese contexto; el grupo Tel Quel y mi marido Philippe Sollers estaban muy abiertos a lo que yo pudiera decir, y era paradójico ver a una joven que no era tan fea y decía cosas”. Suerte de autobiografía jibarizada, museo en miniatura de una educación intelectual, Julia Kristeva, tan joven como siempre, espeta estas palabras desde el escenario de un teatro en la ciudad chilena de Valparaíso. Las arroja como se lanzan dardos al vacío, pero ahí abajo es lo opuesto al vacío y sus ideas encuentran un eco efervescente: cientos de jóvenes chilenos anotan las palabras de la pensadora con la voracidad con la que se desgrana una letanía o se repite el estribillo de una canción de rock. Es el último día del Puerto de Ideas, la primera edición de un festival cultural que llevó a las costas de esta ciudad alucinante a estrellas intelectuales como Carlo Ginzburg, Marc Augé y la propia Kristeva, entre otros. Es el primer eslabón de una modesta pero largamente esperada gira por ciertos puntos neurálgicos de Latinoamérica, y que la trae por estos días a Buenos Aires a recibir el título Honoris Causa de la UBA e impartir dos conferencias en la UNSAM.
Ahí fuimos, entonces, para hacerle algunas preguntas a una de las más complejas y luminosas pensadoras de una camada francesa que cruza disciplinas y que caló en la academia y los libros de nuestro país con una hondura profunda y hasta ahora indeleble. Condensadísima hoja de vida: de formación lingüística y semiológica, llegó con 24 años a la París de la primavera convulsionada y se insertó rápidamente en los grupos intelectuales de avanzada. Se podría decir que la creación de las universidades interdisciplinarias que emergieron en esos meses fueron el toque mágico que las inquietudes de Kristeva necesitaban para terminar de materializarse. Su pareja, el escritor Philippe Sollers, la convidó a participar en las páginas y las reuniones de la revista Tel Quel, que supuso una modernizante cruza de teorías formalistas con psicoanálisis, lingüística, filosofía y literatura. Fueron los años, también, en que los teóricos franceses forzaron los cimientos del estructuralismo hasta hacerlo languidecer, y aparecieron entonces con fuerza las corrientes posestructuralistas que marcarían la impronta colectiva del grupo. Sus primeros libros son tratados recargados y puntillosos, apuntalados siempre por certidumbres teóricas bien de época.
Semiótica y La revolución del lenguaje poético se pueden leer en esa línea. Huidiza por natualeza y vocación, Kristeva sin embargo no se quedó encandilada por las propuestas juveniles de sus días de formación, y fue revisando sus postulados hasta el punto de repensar el hecho artístico más en términos de experiencia que de lenguaje puro, como quería el primer tel quelismo. Varios son los elementos que le permitieron “desencapsular” lo más rígido de las teorías del lenguaje: el psicoanálisis en general y el lacaniano en particular (que para la autora fue siempre un agente conflictivo, a veces dramático, en tensión permanente con lo freudiano), el feminismo, la política. En el prólogo a la edición correspondiente al año 1994 de Sentido y sinsentido de la revuelta apunta que “procuraré integrar en los ámbitos del arte y de la literatura, concebidos como experiencias, la noción de cultura-revuelta. E introducir una apuesta que consiste en superar la noción de texto a cuya elaboración contribuí junto con tantos otros, y que llegó a ser una forma de dogma en las mejores universidades de toda Francia, para no hablar de Estados Unidos y de otras más exóticas todavía. En su lugar, me esforzaré por introducir la noción de experiencia”. Cuando le pedimos que profundice en este paso de la textualidad pura a la experiencia en sentido amplio, Kristeva arquea las cejas, respira y dispara: “Para mí la noción de texto nunca ha superado la noción de experiencia. A lo mejor me entendieron mal. Una cierta recuperación estructuralista de la noción de texto sólo ve en el texto la técnica: cómo construir un producto de mercado, por ejemplo. A mí lo que siempre me interesó es el laboratorio en donde se producen los textos. Si mirás bien, hay artículos que escribí hace treinta años, como ‘La productividad llamada texto’, y con eso quería decir que para producir un texto hay que cuestionarse entero: la manera de sentir, la sexualidad, el lenguaje. Y desde este punto de vista se trata de una experiencia, pero no en el sentido de un científico que hace un ‘experimento’ con los conejillos de indias para buscar un resultado, sino como cuestionamiento de lo antiguo y posterior surgimiento de lo nuevo. Se parece más a la experiencia mística, si se quiere. Es una experiencia personal que va a contracorriente del mercado y de la comunicación. En un momento determinado voy a comunicarlo, pero primero tengo que transitar ese renacimiento para luego poder construir de manera comercializable. Que haya dos períodos en ese proceso no significa que sean consecutivos, ‘primero cambio y luego escribo’. Pasan al mismo tiempo. Si lo digo de este modo, enunciando dos momentos, lo hago para la claridad de la exposición, y que la gente que lea esto entienda que hay dos momentos en el acto creativo, pero finalmente esos dos momentos son uno solo y suceden de un modo simultáneo. La técnica es inseparable de esa transformación íntima, personal. En alemán hay dos términos: uno para cambiar la vida y otro que se refiere a la técnica”.
Lacan en la pampa
Una de las razones más nítidas por las que la obra de Kristeva tuvo semejante trascendencia en nuestras costas es, desde luego, el modo tan propio con el que reelabora y metaboliza las líneas centrales del psicoanálisis, una disciplina que encontró en nuestro país una devoción inaudita. Inclinada siempre a cruzar imaginarios, pensó el psicoanálisis a través de la literatura y la literatura a través del psicoanálisis, en un juego de espejos invertidos, ampliación del campo de batalla para una y otra disciplina. Así, en Sol negro. Depresión y melancolía , por ejemplo, lee la obra de Marguerite Duras para rastrear, en un gesto crítico quirúrgico, lo que llama “figuras melancólicas”. Pero, ¿cómo pensar simultáneamente la literatura y el psicoanálisis sin caer en la trampa del ‘psicoanálisis aplicado’?, le preguntamos. “El psicoanálisis y la literatura son la misma cosa –dice, y traza una conciliadora pausa antes de seguir–. Salvo que una publica, y la otra guarda su descubrimiento para vivir mejor. Pero es la misma dinámica psíquica, que consiste en barrer todo lo que es palabras cansadas y modos de vida aburridos, contar un nuevo aliento, cambiar el modo de hablarse a sí mismo y de nombrar las cosas y ligarse a los otros. Algunos logran darle un lugar a esa experiencia del lenguaje e inscribir esa recreación de la intimidad y de lo personal en una tradición cultural como la literatura. Hacer una obra que se sitúa después de Balzac, o Dostoievsky o Cervantes, formar parte de una memoria cultural... para eso toman la fuerza de pulir su lenguaje, buscar un editor, ir a la televisión a publicitar su libro. Otros no dan ese paso, y se contentan con volver a casarse, o cambiar de profesión, o dejar de beber, o simplemente estar enamorados habiendo pensado que eran incapaces de amar. El laboratorio donde sucede ese click es el mismo”. En su propia práctica profesional como analista, Kristeva dice profesar la sesión prolongada, de base más bien freudiana, que busca el punto ciego para destrabar la inhibición y el síntoma. Sin embargo, la idea lacaniana del inconsciente estructurado como un lenguaje le sirvió para pensar ese proceso terapéutico desde el prisma de la lengua, y conjugar así sus campos de especialidad. Una preocupación por el lenguaje en el interior del discurso y la práctica psicoanalítica que a su modo ya estaba en el primer Freud pero que Lacan, según Kristeva, amplificó y llevó a un estadio altísimo.
El segundo sexo
Julia Kristeva llegó a Valparaíso para hablar, sobre todo, del feminismo, una de las patas más importantes de su pensamiento. En los albores del siglo XXI, elaboró a fondo la cuestión en una trilogía que tiene edición argentina bajo el título El genio femenino . Ahí toma tres casos que le sirven como paradigma para edificar una lectura de la mujer como agente de transformación humano y esquirla revolucionaria en el campo del pensamiento (Hannah Arendt), el psicoanálisis (Melanie Klein) y la literatura (Colette).
En el segundo tomo del tríptico asegura que “es posible entrever algunas constantes comunes en los genios de Arendt y Klein: ambas se interesan por el objeto y el vínculo, se preocuparon por la destrucción del pensamiento, y rechazaron el razonamiento lineal”, a lo que añade, ya en el tercer tomo, que “al nomadismo de estas dos mujeres, a su reflexión reveladora que sólo se apaciguó pagando el precio de atravesar la tragedia, Colette agrega otra experiencia que también es uno de los rostros de ese mismo siglo”. Desde los micrófonos del Puerto de Ideas, agrega: “El movimiento feminista moderno pasó por tres etapas. Las sufragistas, de origen anglosajón, que provenían del protestantismo y querían obtener el derecho a voto después de largas luchas. Luego el gran momento de El segundo sexo de Simone de Beauvoir, de 1949, en donde declara que la palabra felicidad hoy es libertad, y que en esta libertad los hombres y las mujeres son hermanos; hay una igualdad de las exigencias y también de los derechos. Fue un momento radical en la historia de la humanidad para la posición de la mujer, y sabemos que muchas de estas cosas se fueron consiguiendo, sobre todo en las democracias avanzadas, y tenemos que luchar ahora por la paridad a nivel económico, social y político. Esta universalidad no fue dejada de lado por el movimiento siguiente, fue más bien completado ese movimiento, que data de la Francia del 68, en el que yo participé sólo brevemente por cuestiones que no vienen al caso. Este movimiento se planteó una vuelta de tuerca: la mujer tiene esos derechos, sí, pero es distinta. Tiene una sexualidad diferente, una creación literaria diferente, y esto es importante”.
¿Y de qué modo ese tercer movimiento del feminismo, el de Francia en 1968, abrió caminos para que hoy en Latinoamérica, por ejemplo, tengamos ya presidentas mujeres?
Tengo la impresión de que en ese momento participamos en un movimiento que era general y colectivo, cada una desde su lugar particular. Teníamos entonces la exigencia de superarnos a nosotras mismas y superar así las normas de la sociedad. Todas esas mujeres eran unas “revueltas”, y esa revuelta fue conduciendo a esta aparición, en Latinoamérica y en otros lados, de una serie de personalidades inclasificables, singulares, animadas por una gran energía, y que tratan de trascender con los otros hacia un universo ideal, espiritual, pero tratando de cambiar las leyes y los lenguajes de la cadena humana, de la globalización. Estoy muy orgullosa de todas nosotras.
Recrear nuevos ideales
El concepto de revuelta es, desde luego, otro de los pilares centrales de la arquitectura kristeviana, y es uno de los tópicos de mayor longevidad en su derrotero pero que, al mismo tiempo, encuentra hoy una pertinente actualidad. Su último trabajo en esa línea tuvo edición española en 2000 y se tituló El porvenir de una revuelta .
Escuchémosla: “Dediqué muchos años a estudiar lo que llamo la revuelta. Como soy de formación lingüística, me dediqué primero a entender el significado de la palabra, que tiene origen sánscrito, y quiere decir pasar hacia atrás y volver hacia el futuro. Una memoria fuerte de la transformación, pero que no es nunca una negación del tipo ‘estoy en contra y mato eso’. El sentido profundo de la revuelta tiene que ver con revalorizar los antiguos valores para que surjan otros, nuevos. La palabra ‘volumen’, por ejemplo el volumen de un libro, cuyas páginas doy vuelta para aprender, viene de la misma raíz. Esa fuerza que mira hacia el futuro aprendiendo algo del pasado es la que me interesa. Otra significación que es muy querida es la que desarrollé en La revuelta íntima . Acá va a hablar la psicoanalista. Contrariamente a lo que se dice, el psicoanálisis no es algo viejo o rígido. Es una técnica que consiste en reapropiarse del pasado propio, de los padres y de generaciones anteriores, para construirse una secularidad: ¿quién soy, cuál es mi singularidad, como la puedo compartir con los otros? Estamos en la civilización de Internet, de los mensajes de textos, de Facebook. Es algo maravilloso, que incita a revueltas en el mundo árabe, por ejemplo, pero como otras cosas también tiene trampas. La trampa que me interesa puntualizar es que nos mantenemos a un nivel horizantal, no acelera la comunicación pero no se cuestiona aquello que se comunica. Uno no se pregunta por los sistemas de comunicación. Y en Francia se llega a decir incluso que la gente comunica por ‘elementos de lenguaje’. Lo que se pierde en este proceso es el lugar de interrogación de la persona, y es allí donde se ubica la especificidad de nuestra civilización, la de las luces, en la que cada ser humano es capaz de poner en problematización a sí mismo y a los otros. Y es esa capacidad de problematización que crea la experiencia humana lo que hace de cada uno de ustedes un maestro. Hannah Arendt, cuando se le preguntó cuál es la manera de combatir contra la banalidad del mal, dice que hay que restituir la capacidad de pensar libremente, plantearse preguntas, que es lo contrario de calcular mensajes. La mayoría de ustedes acá son universitarios: la universidad tiene como finalidad evitar que las personas se vuelvan calculadores de mensajes. Y para eso hay que apropiarse del pasado, pensarlo, y hacer algo nuevo. Esa es la revuelta contemporánea”.
Usted habla de la experiencia-revuelta y pone el concepto en sintonía y actualidad con los movimientos de indignados y las protestas estudiantiles en Chile. En uno de sus últimos trabajos habla de la adolescencia como un grupo “enfermo de ideales”. ¿Cómo piensa esa enfermedad de ideales en el contexto mundial de hoy?
Yo sé que, por ejemplo en el caso chileno, los jóvenes buscan una revuelta que modifique las estructuras pragmáticas, como los subsidios y las becas, pero al mismo tiempo buscan un cambio en los valores. Recrear nuevos ideales: ese es el sentido real de la palabra revolución. Eso es posible solamente si uno se cuestiona a sí mismo, si es capaz de atravesar experiencias interiores, y recién después uno podrá traspolar eso a una sociedad encadenada por las finanzas y por los elementos del lenguaje. Eso está en la base de lo que buscan los estudiantes. Hay muchos jóvenes que no participan de estas manifestaciones, y que cuando van al analista nosotros percibimos en ellos la experiencia de la revuelta, pero ellos todavía no lo saben o no pueden expresarlo. En ese sentido, y esto tiene que ver con lo que está pasando en el mundo, el psicoanalista está ahí para comprender al que busca nuevos ideales, al que está cansado, aburrido e indignado de los antiguos ideales. Pero cuidado: el psicoanalista no es un sacerdote o un educador que le va a dar a esos jóvenes un guión moral. El psicoanalista les puede legar, solamente, una confianza. Les va a decir ‘ustedes tienen que crear, vayan’”.
Próxima estación: Buenos Aires
En Buenos Aires, el pensamiento kristeviano y el de todo su grupo –la escuela francesa, diríamos– pegó con fuerza en la Academia argentina de la reconstrucción democráctica e hizo metástasis en las aulas de los años ochenta y noventa de un modo profundo. Las cátedras de Pezzoni, Panesi, Ludmer, Sarlo y tantas otras acusaron recibo de ese pensamiento disrruptivo y pusieron a jugar aquellas teorías con la tradición local. De una manera tremendamente vital, estos textos funcionaron como un deshielo o un golpe de luz para modernizar la Academia y el pensamiento argentino después de los años oscuros. Con la década de 2000, las inquietudes de Julia Kristeva siguieron transformándose y diversificándose. Ningún volantazo atomizó su inspiración, lo que demuestra una vez más, por si hacía falta, que la persistencia acrítica de las taras juveniles, por más exitosas o productivas que hayan sido, es lo que verdaderamente envejece un pensamiento. Así, sus múltiples líneas de sentido se estudiaron aquí en círculos bien distintos: la Escuela de Orientación Lacaniana, la Asociación Psicoanalítica Argentina, la Facultad de Filosofía y Letras, los estudios de género, la facultad de Sociales. Algunas traducciones argentinas acompañaron a lo largo de los años el desembarco de este pensamiento, y otros libros españoles o en su idioma original circularon de mano en mano o en gastadas fotocopias. Esa misma experiencia transmitían los lectores de Kristeva en Valparaíso, y esa es, sin dudas, la experiencia compartida de un continente que, además de leerla, ha encontrado muchas veces en el día a día político, social, psicoanalítico y literario de sus países la materialización de esa vasta teoría de vida.
FUENTE: REVISTA Ñ- 11/11/11
Referente ineludible de las teorías lingüísticas, la relación entre la literatura y el psicoanálisis y las políticas de género, esta discípula del Roland Barthes estuvo en Chile donde aportó sus nociones a las manifestaciones estudiantiles y por estos días llega a Buenos Aires para dictar una serie de conferencias y recibir un Honoris Causa en la UBA.
POR Mauro Libertella
Tengo que confesar que cuando me hablan de Julia Kristeva, yo digo ¿quién es esa? Mi hijo me dice ‘no me gusta Julia Kristeva. Prefiero simplemente a Julia’. Yo estoy en un momento avanzado de mi vida, y al mismo tiempo no me siento en la hora de los balances. En mi familia, en Bulgaria, mi madre, de una genealogía de varias generaciones de misticismo judío religioso, era bióloga, y me había transmitido el darwinismo. Mi padre era muy creyente, y había hecho el seminario antes de ser médico; esa era su forma de resistir un poco al comunismo duro. A través de lecturas nos transmitió el amor por las lenguas, pero su religión era sobre todo la cultura. Me empujaban fervientemente a mí y a mi hermana a aprender lenguas extranjeras. Bulgaria, además, es el único país del mundo que festeja un día de la cultura, todos los 24 de mayo, que es el día de la creación del alfabeto eslavo. Sé, por lo pronto, que en ese contexto me crié. Cuando llegué a Francia, al alba del año 68, cuando la universidad francesa empezaba a desperezarse, recalé directamente en los cursos de Roland Barthes y de Emile Benveniste. Que yo fuera una mujer no era un obstáculo. No había muchas mujeres, y tampoco muchas extranjeras, por lo que me había erigido en una especie de curiosidad. Yo tuve suerte de haber caído en ese contexto; el grupo Tel Quel y mi marido Philippe Sollers estaban muy abiertos a lo que yo pudiera decir, y era paradójico ver a una joven que no era tan fea y decía cosas”. Suerte de autobiografía jibarizada, museo en miniatura de una educación intelectual, Julia Kristeva, tan joven como siempre, espeta estas palabras desde el escenario de un teatro en la ciudad chilena de Valparaíso. Las arroja como se lanzan dardos al vacío, pero ahí abajo es lo opuesto al vacío y sus ideas encuentran un eco efervescente: cientos de jóvenes chilenos anotan las palabras de la pensadora con la voracidad con la que se desgrana una letanía o se repite el estribillo de una canción de rock. Es el último día del Puerto de Ideas, la primera edición de un festival cultural que llevó a las costas de esta ciudad alucinante a estrellas intelectuales como Carlo Ginzburg, Marc Augé y la propia Kristeva, entre otros. Es el primer eslabón de una modesta pero largamente esperada gira por ciertos puntos neurálgicos de Latinoamérica, y que la trae por estos días a Buenos Aires a recibir el título Honoris Causa de la UBA e impartir dos conferencias en la UNSAM.
Ahí fuimos, entonces, para hacerle algunas preguntas a una de las más complejas y luminosas pensadoras de una camada francesa que cruza disciplinas y que caló en la academia y los libros de nuestro país con una hondura profunda y hasta ahora indeleble. Condensadísima hoja de vida: de formación lingüística y semiológica, llegó con 24 años a la París de la primavera convulsionada y se insertó rápidamente en los grupos intelectuales de avanzada. Se podría decir que la creación de las universidades interdisciplinarias que emergieron en esos meses fueron el toque mágico que las inquietudes de Kristeva necesitaban para terminar de materializarse. Su pareja, el escritor Philippe Sollers, la convidó a participar en las páginas y las reuniones de la revista Tel Quel, que supuso una modernizante cruza de teorías formalistas con psicoanálisis, lingüística, filosofía y literatura. Fueron los años, también, en que los teóricos franceses forzaron los cimientos del estructuralismo hasta hacerlo languidecer, y aparecieron entonces con fuerza las corrientes posestructuralistas que marcarían la impronta colectiva del grupo. Sus primeros libros son tratados recargados y puntillosos, apuntalados siempre por certidumbres teóricas bien de época.
Semiótica y La revolución del lenguaje poético se pueden leer en esa línea. Huidiza por natualeza y vocación, Kristeva sin embargo no se quedó encandilada por las propuestas juveniles de sus días de formación, y fue revisando sus postulados hasta el punto de repensar el hecho artístico más en términos de experiencia que de lenguaje puro, como quería el primer tel quelismo. Varios son los elementos que le permitieron “desencapsular” lo más rígido de las teorías del lenguaje: el psicoanálisis en general y el lacaniano en particular (que para la autora fue siempre un agente conflictivo, a veces dramático, en tensión permanente con lo freudiano), el feminismo, la política. En el prólogo a la edición correspondiente al año 1994 de Sentido y sinsentido de la revuelta apunta que “procuraré integrar en los ámbitos del arte y de la literatura, concebidos como experiencias, la noción de cultura-revuelta. E introducir una apuesta que consiste en superar la noción de texto a cuya elaboración contribuí junto con tantos otros, y que llegó a ser una forma de dogma en las mejores universidades de toda Francia, para no hablar de Estados Unidos y de otras más exóticas todavía. En su lugar, me esforzaré por introducir la noción de experiencia”. Cuando le pedimos que profundice en este paso de la textualidad pura a la experiencia en sentido amplio, Kristeva arquea las cejas, respira y dispara: “Para mí la noción de texto nunca ha superado la noción de experiencia. A lo mejor me entendieron mal. Una cierta recuperación estructuralista de la noción de texto sólo ve en el texto la técnica: cómo construir un producto de mercado, por ejemplo. A mí lo que siempre me interesó es el laboratorio en donde se producen los textos. Si mirás bien, hay artículos que escribí hace treinta años, como ‘La productividad llamada texto’, y con eso quería decir que para producir un texto hay que cuestionarse entero: la manera de sentir, la sexualidad, el lenguaje. Y desde este punto de vista se trata de una experiencia, pero no en el sentido de un científico que hace un ‘experimento’ con los conejillos de indias para buscar un resultado, sino como cuestionamiento de lo antiguo y posterior surgimiento de lo nuevo. Se parece más a la experiencia mística, si se quiere. Es una experiencia personal que va a contracorriente del mercado y de la comunicación. En un momento determinado voy a comunicarlo, pero primero tengo que transitar ese renacimiento para luego poder construir de manera comercializable. Que haya dos períodos en ese proceso no significa que sean consecutivos, ‘primero cambio y luego escribo’. Pasan al mismo tiempo. Si lo digo de este modo, enunciando dos momentos, lo hago para la claridad de la exposición, y que la gente que lea esto entienda que hay dos momentos en el acto creativo, pero finalmente esos dos momentos son uno solo y suceden de un modo simultáneo. La técnica es inseparable de esa transformación íntima, personal. En alemán hay dos términos: uno para cambiar la vida y otro que se refiere a la técnica”.
Lacan en la pampa
Una de las razones más nítidas por las que la obra de Kristeva tuvo semejante trascendencia en nuestras costas es, desde luego, el modo tan propio con el que reelabora y metaboliza las líneas centrales del psicoanálisis, una disciplina que encontró en nuestro país una devoción inaudita. Inclinada siempre a cruzar imaginarios, pensó el psicoanálisis a través de la literatura y la literatura a través del psicoanálisis, en un juego de espejos invertidos, ampliación del campo de batalla para una y otra disciplina. Así, en Sol negro. Depresión y melancolía , por ejemplo, lee la obra de Marguerite Duras para rastrear, en un gesto crítico quirúrgico, lo que llama “figuras melancólicas”. Pero, ¿cómo pensar simultáneamente la literatura y el psicoanálisis sin caer en la trampa del ‘psicoanálisis aplicado’?, le preguntamos. “El psicoanálisis y la literatura son la misma cosa –dice, y traza una conciliadora pausa antes de seguir–. Salvo que una publica, y la otra guarda su descubrimiento para vivir mejor. Pero es la misma dinámica psíquica, que consiste en barrer todo lo que es palabras cansadas y modos de vida aburridos, contar un nuevo aliento, cambiar el modo de hablarse a sí mismo y de nombrar las cosas y ligarse a los otros. Algunos logran darle un lugar a esa experiencia del lenguaje e inscribir esa recreación de la intimidad y de lo personal en una tradición cultural como la literatura. Hacer una obra que se sitúa después de Balzac, o Dostoievsky o Cervantes, formar parte de una memoria cultural... para eso toman la fuerza de pulir su lenguaje, buscar un editor, ir a la televisión a publicitar su libro. Otros no dan ese paso, y se contentan con volver a casarse, o cambiar de profesión, o dejar de beber, o simplemente estar enamorados habiendo pensado que eran incapaces de amar. El laboratorio donde sucede ese click es el mismo”. En su propia práctica profesional como analista, Kristeva dice profesar la sesión prolongada, de base más bien freudiana, que busca el punto ciego para destrabar la inhibición y el síntoma. Sin embargo, la idea lacaniana del inconsciente estructurado como un lenguaje le sirvió para pensar ese proceso terapéutico desde el prisma de la lengua, y conjugar así sus campos de especialidad. Una preocupación por el lenguaje en el interior del discurso y la práctica psicoanalítica que a su modo ya estaba en el primer Freud pero que Lacan, según Kristeva, amplificó y llevó a un estadio altísimo.
El segundo sexo
Julia Kristeva llegó a Valparaíso para hablar, sobre todo, del feminismo, una de las patas más importantes de su pensamiento. En los albores del siglo XXI, elaboró a fondo la cuestión en una trilogía que tiene edición argentina bajo el título El genio femenino . Ahí toma tres casos que le sirven como paradigma para edificar una lectura de la mujer como agente de transformación humano y esquirla revolucionaria en el campo del pensamiento (Hannah Arendt), el psicoanálisis (Melanie Klein) y la literatura (Colette).
En el segundo tomo del tríptico asegura que “es posible entrever algunas constantes comunes en los genios de Arendt y Klein: ambas se interesan por el objeto y el vínculo, se preocuparon por la destrucción del pensamiento, y rechazaron el razonamiento lineal”, a lo que añade, ya en el tercer tomo, que “al nomadismo de estas dos mujeres, a su reflexión reveladora que sólo se apaciguó pagando el precio de atravesar la tragedia, Colette agrega otra experiencia que también es uno de los rostros de ese mismo siglo”. Desde los micrófonos del Puerto de Ideas, agrega: “El movimiento feminista moderno pasó por tres etapas. Las sufragistas, de origen anglosajón, que provenían del protestantismo y querían obtener el derecho a voto después de largas luchas. Luego el gran momento de El segundo sexo de Simone de Beauvoir, de 1949, en donde declara que la palabra felicidad hoy es libertad, y que en esta libertad los hombres y las mujeres son hermanos; hay una igualdad de las exigencias y también de los derechos. Fue un momento radical en la historia de la humanidad para la posición de la mujer, y sabemos que muchas de estas cosas se fueron consiguiendo, sobre todo en las democracias avanzadas, y tenemos que luchar ahora por la paridad a nivel económico, social y político. Esta universalidad no fue dejada de lado por el movimiento siguiente, fue más bien completado ese movimiento, que data de la Francia del 68, en el que yo participé sólo brevemente por cuestiones que no vienen al caso. Este movimiento se planteó una vuelta de tuerca: la mujer tiene esos derechos, sí, pero es distinta. Tiene una sexualidad diferente, una creación literaria diferente, y esto es importante”.
¿Y de qué modo ese tercer movimiento del feminismo, el de Francia en 1968, abrió caminos para que hoy en Latinoamérica, por ejemplo, tengamos ya presidentas mujeres?
Tengo la impresión de que en ese momento participamos en un movimiento que era general y colectivo, cada una desde su lugar particular. Teníamos entonces la exigencia de superarnos a nosotras mismas y superar así las normas de la sociedad. Todas esas mujeres eran unas “revueltas”, y esa revuelta fue conduciendo a esta aparición, en Latinoamérica y en otros lados, de una serie de personalidades inclasificables, singulares, animadas por una gran energía, y que tratan de trascender con los otros hacia un universo ideal, espiritual, pero tratando de cambiar las leyes y los lenguajes de la cadena humana, de la globalización. Estoy muy orgullosa de todas nosotras.
Recrear nuevos ideales
El concepto de revuelta es, desde luego, otro de los pilares centrales de la arquitectura kristeviana, y es uno de los tópicos de mayor longevidad en su derrotero pero que, al mismo tiempo, encuentra hoy una pertinente actualidad. Su último trabajo en esa línea tuvo edición española en 2000 y se tituló El porvenir de una revuelta .
Escuchémosla: “Dediqué muchos años a estudiar lo que llamo la revuelta. Como soy de formación lingüística, me dediqué primero a entender el significado de la palabra, que tiene origen sánscrito, y quiere decir pasar hacia atrás y volver hacia el futuro. Una memoria fuerte de la transformación, pero que no es nunca una negación del tipo ‘estoy en contra y mato eso’. El sentido profundo de la revuelta tiene que ver con revalorizar los antiguos valores para que surjan otros, nuevos. La palabra ‘volumen’, por ejemplo el volumen de un libro, cuyas páginas doy vuelta para aprender, viene de la misma raíz. Esa fuerza que mira hacia el futuro aprendiendo algo del pasado es la que me interesa. Otra significación que es muy querida es la que desarrollé en La revuelta íntima . Acá va a hablar la psicoanalista. Contrariamente a lo que se dice, el psicoanálisis no es algo viejo o rígido. Es una técnica que consiste en reapropiarse del pasado propio, de los padres y de generaciones anteriores, para construirse una secularidad: ¿quién soy, cuál es mi singularidad, como la puedo compartir con los otros? Estamos en la civilización de Internet, de los mensajes de textos, de Facebook. Es algo maravilloso, que incita a revueltas en el mundo árabe, por ejemplo, pero como otras cosas también tiene trampas. La trampa que me interesa puntualizar es que nos mantenemos a un nivel horizantal, no acelera la comunicación pero no se cuestiona aquello que se comunica. Uno no se pregunta por los sistemas de comunicación. Y en Francia se llega a decir incluso que la gente comunica por ‘elementos de lenguaje’. Lo que se pierde en este proceso es el lugar de interrogación de la persona, y es allí donde se ubica la especificidad de nuestra civilización, la de las luces, en la que cada ser humano es capaz de poner en problematización a sí mismo y a los otros. Y es esa capacidad de problematización que crea la experiencia humana lo que hace de cada uno de ustedes un maestro. Hannah Arendt, cuando se le preguntó cuál es la manera de combatir contra la banalidad del mal, dice que hay que restituir la capacidad de pensar libremente, plantearse preguntas, que es lo contrario de calcular mensajes. La mayoría de ustedes acá son universitarios: la universidad tiene como finalidad evitar que las personas se vuelvan calculadores de mensajes. Y para eso hay que apropiarse del pasado, pensarlo, y hacer algo nuevo. Esa es la revuelta contemporánea”.
Usted habla de la experiencia-revuelta y pone el concepto en sintonía y actualidad con los movimientos de indignados y las protestas estudiantiles en Chile. En uno de sus últimos trabajos habla de la adolescencia como un grupo “enfermo de ideales”. ¿Cómo piensa esa enfermedad de ideales en el contexto mundial de hoy?
Yo sé que, por ejemplo en el caso chileno, los jóvenes buscan una revuelta que modifique las estructuras pragmáticas, como los subsidios y las becas, pero al mismo tiempo buscan un cambio en los valores. Recrear nuevos ideales: ese es el sentido real de la palabra revolución. Eso es posible solamente si uno se cuestiona a sí mismo, si es capaz de atravesar experiencias interiores, y recién después uno podrá traspolar eso a una sociedad encadenada por las finanzas y por los elementos del lenguaje. Eso está en la base de lo que buscan los estudiantes. Hay muchos jóvenes que no participan de estas manifestaciones, y que cuando van al analista nosotros percibimos en ellos la experiencia de la revuelta, pero ellos todavía no lo saben o no pueden expresarlo. En ese sentido, y esto tiene que ver con lo que está pasando en el mundo, el psicoanalista está ahí para comprender al que busca nuevos ideales, al que está cansado, aburrido e indignado de los antiguos ideales. Pero cuidado: el psicoanalista no es un sacerdote o un educador que le va a dar a esos jóvenes un guión moral. El psicoanalista les puede legar, solamente, una confianza. Les va a decir ‘ustedes tienen que crear, vayan’”.
Próxima estación: Buenos Aires
En Buenos Aires, el pensamiento kristeviano y el de todo su grupo –la escuela francesa, diríamos– pegó con fuerza en la Academia argentina de la reconstrucción democráctica e hizo metástasis en las aulas de los años ochenta y noventa de un modo profundo. Las cátedras de Pezzoni, Panesi, Ludmer, Sarlo y tantas otras acusaron recibo de ese pensamiento disrruptivo y pusieron a jugar aquellas teorías con la tradición local. De una manera tremendamente vital, estos textos funcionaron como un deshielo o un golpe de luz para modernizar la Academia y el pensamiento argentino después de los años oscuros. Con la década de 2000, las inquietudes de Julia Kristeva siguieron transformándose y diversificándose. Ningún volantazo atomizó su inspiración, lo que demuestra una vez más, por si hacía falta, que la persistencia acrítica de las taras juveniles, por más exitosas o productivas que hayan sido, es lo que verdaderamente envejece un pensamiento. Así, sus múltiples líneas de sentido se estudiaron aquí en círculos bien distintos: la Escuela de Orientación Lacaniana, la Asociación Psicoanalítica Argentina, la Facultad de Filosofía y Letras, los estudios de género, la facultad de Sociales. Algunas traducciones argentinas acompañaron a lo largo de los años el desembarco de este pensamiento, y otros libros españoles o en su idioma original circularon de mano en mano o en gastadas fotocopias. Esa misma experiencia transmitían los lectores de Kristeva en Valparaíso, y esa es, sin dudas, la experiencia compartida de un continente que, además de leerla, ha encontrado muchas veces en el día a día político, social, psicoanalítico y literario de sus países la materialización de esa vasta teoría de vida.
FUENTE: REVISTA Ñ- 11/11/11
miércoles, 19 de octubre de 2011
Ancile: BREVÍSIMA HISTORIA DE LA MISOGINIA (ALEGATO CONTRA...
Ancile: BREVÍSIMA HISTORIA DE LA MISOGINIA (ALEGATO CONTRA...: No he querido desaprovechar la ocasión para publicar este espléndido alegato contra el maltrato de la mujer, con motivo de la campaña que e...
lunes, 10 de octubre de 2011
crímenes sobre los que se construyó nuestro Estado
lUNES 10 DE OCTUBRE 2011
DIALOGOS › LA ANTROPOLOGA DIANA LENTON, A PROPOSITO DE UN NUEVO 12 DE OCTUBRE
“El Estado se construyó sobre un genocidio”
Integrante de la Red de Investigaciones en Genocidio y doctora en Antropología, Diana Lenton aporta pruebas del genocidio de los pueblos originarios. Campos de concentración, asesinatos masivos, fusilamientos y niños robados. Roca, el papel del Estado, la sociedad y los intelectuales.
Por Darío Aranda
–¿Por qué afirma que el Estado argentino se funda sobre un genocidio?
–El Estado moderno constituye una forma de entender las relaciones entre Estado y sociedad, y construye todo un modo político de accionar, una normativa, instituciones que se fundan en el mismo momento que se realiza el genocidio. Y no lo relacionamos sólo porque es contemporáneo al genocidio sino porque esa estructura de Estado requirió que no hubiera más diversidad interna en el Estado. Se anulan los tratados con los indígenas, el Estado se garantizó que no iban a interferir en la constitución de ese Estado. Es lo que se llama genocidio constituyente, son genocidios que dan origen a un Estado.
–Existen sectores que aún niegan que haya sido un genocidio. ¿Qué pruebas dan cuenta de que sí lo fue?
–Las ciencias sociales no tienen un concepto analítico acabado. Desde el campo jurídico internacional sí, lo provee Naciones Unidades en 1948 para juzgar los crímenes del nazismo. Esa definición habla de distintos elementos. Es genocidio cuando se puede establecer la intencionalidad de destruir a un pueblo. Otra característica es impedir la reproducción de ese grupo y también el robo de niños, cuando son secuestrados y entregados a familias de grupos dominantes, y se les reemplaza los nombres, porque así se atenta contra la continuidad de ese pueblo porque se le roba la memoria.
–¿Qué hechos concretos hubo?
–Matanza de población civil. Algunos tienen la imagen de batallas al estilo romántico de un ejército contra otro. La característica de la campaña de Roca es que está principalmente dirigida a la población civil. Las memorias del comandante Prado dicen claramente que el ataque a las tolderías es para caerles encima a las mujeres y niños que quedaron cuando los hombres no estaban. Estaba planificado así para llevarse el botín, sobre todo el ganado, y las familias porque ésa era la operación que iba a llevar a los indios a rendirse. Son operaciones contra la población civil, donde mueren mujeres y niños, o eran enviados como mano de obra esclava para el trabajo doméstico urbano o para la agroindustria, caña de azúcar y viñedos. También se cumplen otros elementos de genocidio, el someter a la población a condiciones que acarreen daño en su subsistencia, que pueda provocar enfermedad o muerte, y eso implicaron los traslados de la población sometida a campos de concentración.
–Ustedes dan cuenta de que el diario La Nación lo llamó crímenes de lesa humanidad.
–Mitre decía que lo que hacía Rudecindo Roca, hermano de Julio Argentino, eran crímenes de lesa humanidad porque se fusilaban prisioneros desarmados y se tomaban prisioneros a mujeres y niños. Para un sector del espectro político no era lo correcto, incluso Mitre, que no era nene de pecho, que tuvo responsabilidad en la guerra del Paraguay con episodios espantosos, sin embargo estaba asombrado, no criticaba que se hiciera la Campaña, sí cuestiona que un gobierno estuviera minando su propia legitimidad al desoír lo que eran avances de la civilización.
–También hubo campos de concentración.
–Hubo campos de concentración en Valcheta, Martín García, Chichinales, Rincón del Medio, Malargüe, entre otros. Son todos lugares donde se encierran a las personas prisioneras sin destino fijo. La autoridad militar era la dueña de la vida y muerte de ellos. La idea era de depósito porque iban a ser distribuidos. Eran prisioneros y esclavos. Se recibían pedidos de Tucumán, ingenios, de Misiones, estancias. Llegaban como familias y se los separaba. Hay pruebas de la violencia, cartas entre curas y arzobispos. Había muerte por las condiciones a las que estaban sometidos, ahí está también el genocidio. Y también había suicidios por el trauma social al que estaban sometidos. Los padres sabían que les quitaban a sus hijos, lo veían y decidían matarse. O mujeres que se tiraban al agua con sus hijos. En Valcheta hay documentos donde se describe que no se les daba alimentos y morían de hambre.
–¿Qué documentos existen?
–Existe mucha documentación oficial para discutir la historia impuesta. Los archivos oficiales, Archivo General de la Nación, la Armada, los archivos de las provincias. Y archivos privados de personas, de militares que han escrito cartas. También documentos de la Iglesia: de ahí surgen datos de cientos de chicos destinados a Jujuy y Tucumán. Quedan claras las edades de servicio doméstico, chicos desde los 2 o 3 años y hasta los 8. Los adultos que eran destinados al cañaveral y morían con sus familias, eso también es parte del genocidio.
–¿Hay cifras?
–El Poder Ejecutivo decía para 1879 que se habían trasladado 10 mil prisioneros de lo que era la frontera, se estaba recién en la zona norte de Patagonia, para trabajar hacia el Norte y Mendoza, industrias, servicios doméstico y Martín García. Para 1883, un informe oficial ya dice que son 20 mil. En el Chaco son cifras mucho mayores.
–¿Por qué la campaña militar al Norte no es tan conocida?
–No ha habido una manera sistemática de presentar la historia y menos la historia de los pueblos indígenas. Nos han legado imágenes, hemos aprendido que el Estado o territorio actual se completa con Roca, y él estuvo en el Sur.
–Suele justificarse la violencia con que “hay que situarse en la época”, como si fueran normales esas campañas militares.
–Algunos senadores como Aristóbulo del Valle, quizá la voz más clara contra la Campaña, preguntaban cuáles habían sido los resultados de la campaña al Sur y se decía que esos territorios no están incorporados al trabajo. Era el momento que se estaba rifando territorio, como dijeron en esa época observadores militares, no era para los pioneros ni para los agricultores, como se había prometido, sino para latifundistas. Aristóbulo del Valle denunciaba que el hombre había sido esclavizado, la mujer prostituida, los niños utilizados para el trabajo esclavo. No había, decía, ni avance económico ni cívico. Incluso hubo oposición de sectores de las elites.
–Igual se realiza.
–Se hace y es un fracaso desde el punto de vista militar. Hacia 1884 lo que consigue el general Victorica, que estaba al frente como ministro de Guerra, es derrotar a los principales jefes, pero no consigue ocupar el territorio. Eso recién pasará hacia 1911. No consigue ocupar porque el Chaco estaba mucho más densamente poblado por pueblos indígenas y con una variedad de pueblos, de lenguas y culturas distintas.
–¿Fue igual de cruenta que la del Sur?
–Sí, no sólo fue igual sino que esa operativa de secuestrar chicos, atacar mujeres, se extendió hasta avanzado el siglo XX; aun hoy todas las comunidades tienen recuerdos de los chicos robados por el Ejército.
–¿Cifras?
–No las tenemos, estamos trabajando, pero las víctimas superan ampliamente las cifras de la Patagonia. Y hay otros sectores del país donde tampoco se sabe mucho.
–¿Por ejemplo?
–Cuyo y la Puna. Estamos comenzando a trabajar lo que fue la Campaña a la Puna, que se conoció como Campaña al Susques, que se da por terminada en 1874, con la batalla de Quera. Aparentemente lo que más hubo fueron fusilamientos masivos que acabaron con la resistencia, lo que se llamó la Pacificación de la Puna, fusilamientos masivos durante 1874 y 1875.
–En Cuyo hubo campos de concentración...
–Sí, por la campaña al sur de Mendoza y norte de Neuquén, donde tomaron gran cantidad de familias prisioneras, que fueron utilizadas en la industrias de la vendimia en lo que hoy es Malargüe. La persona que más sabe es Diego Escolar, que vive allá, tiene muy documentado y cuantificado no sólo los prisioneros sino también la cantidad de chicos que eran enviados solos a la vendimia para trabajar para siempre, no iban y venían.
–¿Roca es sólo un símbolo o el responsable?
–Roca fue responsable del genocidio. Tuvo posibilidades de otro tipo de política. Hay pruebas de que él se informó con un enviado de su confianza en Estados Unidos para ver cómo funcionaban las reservas. Y estudió también a los franceses en Argelia. Decidió el modelo francés porque decía que el modelo de reservas era muy costoso. Hubo campañas militares anteriores, pero la de Roca fue la más sistemática y que tuvo un objetivo más declaradamente genocida. Hay declaraciones de Roca sobre destruir hasta el último indígena. Su discurso de asunción de la presidencia festeja que no cruza un solo indio la pampa.
–Es conocida la postura de los intelectuales de la derecha sobre Roca y los pueblos originarios. ¿Y la mirada de los intelectuales de izquierda o progresistas?
–Hay cierto progresismo que se construyó sobre el paradigma que dio lugar al genocidio y a una noción de la Argentina sin indígenas. A gran parte de los intelectuales no les importan los pueblos originarios. Se ha construido una idea de progresismo que puede ignorar a los pueblos originarios como si no existieran y tenemos una izquierda que ha ignorado las luchas indígenas, por eso todo es mucho más difícil.
–¿Por qué el genocidio sigue pareciendo algo sólo de la dictadura y no también algo que afectó a los pueblos originarios?
–Porque cuesta a gran parte de los argentinos considerar la historia de los pueblos indígenas como parte de la historia argentina. Tiene directa relación con asumir si es algo que les pasó y pasa a los argentinos o les pasó y pasa a otros.
–El juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, le agrega el factor de la clase social afectada.
–Sin duda tiene que ver la clase social víctima, pero sobre todo hay una mirada racista dentro de lo que es el sentido común argentino. La sociedad argentina es racista respecto de los pueblos originarios. Se piensa que lo que sucede con otras personas no es tan importante, por eso hay dolores que no nos conmueven y otros que sí. Para mucha gente un campo de concentración se define como tal cuando ahí adentro hay gente que se parece a mí, si no, no es un campo de concentración.
–¿De ahí la negación del genocidio?
–Tenemos un paradigma donde la palabra “genocidio” se puede aplicar cuando a mí me importa, cuando mi grupo de pertenencia es el afectado. Y la mayor parte de la intelectualidad, de la gente que construye teoría y construye consenso social en estas situaciones, compartimos un sistema cultural de pertenencia. Hasta tanto no podamos siquiera entender el dolor de los otros y sentirlo como el propio, no hay interculturalidad posible. No hay forma de dialogar.
–¿Interpreta continuidades de las campañas militares a fines del siglo XIX y la situación actual de muerte por desnutrición en Chaco, Misiones y Salta, o por represión en Formosa?
–Los pueblos originarios son víctimas de un genocidio que aún no terminó. Por eso como Red hablamos de que en la Argentina existe un proceso genocida de los pueblos indígenas porque no le podemos encontrar la fecha de finalización. No sólo el Estado se construye sobre un genocidio sino que también nuestro marco de pensamiento se construye sobre el genocidio, de tal manera que no hemos salido aún de él. El genocidio realizado por el nazismo tiene fecha de finalización. El fin de la guerra, el suicidio de Hitler, los tribunales de Nuremberg. El genocidio de la dictadura tuvo una Conadep, juicios. El genocidio indígena no tiene fecha de finalización y no hay juicios.
–No existió un “Nunca más” para los pueblos originarios.
–No hubo fecha de finalización. No hay ni hubo una instancia de reparación. ¿Cuál sería la instancia autorizada si queremos hacer juicios? Porque el Estado es el mismo Estado genocida. La única manera para poder realizar algo similar a los juicios de la dictadura es que también esté integrado por pueblos originarios.
–¿Lo cree posible?
–Hoy en día hay un movimiento importante de pueblos originarios que no había hace diez años, y en algún momento se va a dar. No puede ser la misma sociedad genocida la que lleve la acusación; lo que sí puede hacer la misma sociedad genocida es movilizar la posibilidad de generar un cambio interno.
–¿Por qué “sociedad genocida”?
–Porque hay procesos que se siguen produciendo. Si bien hay una apertura muy importante para la inclusión de los derechos específicos de los pueblos indígenas dentro de los derechos humanos, la actitud del Estado hoy en día no es la misma que se tenía hace diez años, hay un cambio positivo. Pero cuando esos derechos reconocidos de los pueblos originarios confrontan contra intereses económicos, ya sea del Estado o de particulares, siempre se atenta contra los pueblos originarios.
–¿Por ejemplo?
–El Estado sustenta buena parte de su modelo en actividades como la soja, el petróleo y la minería, entonces el derecho indígena se cae. El mismo Estado que habilita a los pueblos originarios a hacer determinados reclamos por otro lado los hace callar con la violencia que sea necesaria cuando está en juego una actividad económica que el Gobierno impulsa.
–¿Cómo se entiende esa contradicción?
–Por eso digo que la sociedad no terminó aún de ser genocida con los pueblos originarios. Porque frente a estos dos parámetros en conflicto automáticamente le da la razón al paradigma económico.
–¿La sociedad o el Gobierno?
–Van uno con el otro, es un ida y vuelta. El paradigma económico es el que se constituyó junto con el Estado y hoy se desarrolla la continuidad de ese paradigma. Si bien hay espacios de apertura interesantes, cuando confrontan paradigmas el que sale ganador es el paradigma racista, donde tenés derecho a decir lo que quieras, pero si tenés petróleo en tu comunidad el organismo que decide no es el INAI, el Inadi, ni una oficina de interculturalidad, sino la Secretaría de Energía. Y punto, no hay discusión posible.
–Es la economía...
–Cuando lo que está en juego son intereses económicos, siempre se atenta contra los derechos indígenas, con leyes que debieran respetarse.
–Las campañas militares tuvieron una matriz económica, una decisión política y una complicidad o al menos una indiferencia de la sociedad. ¿Observa paralelos?
–Es muy similar. ¿Cómo se definió el avance económico a fines del siglo XIX? Se decidió por la apertura de nuevos terrenos para la explotación intensiva junto con nuevas tecnologías que tenían que ver con el manejo de la ganadería, alambrados, nuevas técnicas que acompañaban la inclusión de territorios para el mercado exportador. Y ahora estamos viviendo lo mismo, la soja es exactamente eso. La nueva tecnología y la incorporación de nuevos territorios que antes estaban libres, donde había comunidades que podían vivir.
–El petróleo y la minería repiten la misma lógica.
–Lo están padeciendo, entre otros, los mapuches en zona de meseta. Cuando las comunidades se habían establecido en la meseta, ese lugar no era objetivo de explotación; ahora sí. Hoy sufren un acoso tremendo e ilegítimo de parte de mineras y petroleras.
–Hay un argumento legitimador que se repite: el progreso.
–Sí, hoy es el desarrollo, como una utopía de la sociedad occidental, pero el problema es que se establecen como si fueran características que pudieran tener sólo la sociedad occidental y los otros no, y que además son a costa del vivir de los otros. El problema de este concepto de desarrollo o progreso, hoy encarnada en la política económica extractiva, es que se les da una entidad más importante que la vida y la dignidad humanas. El desarrollo es importante, pero, ¿es tan importante como para avalar que el avance petrolero, minero y sojero ocasione contaminación y muerte? Y, no es casual, siempre ese “progreso” es a costa del “otro”, nunca es a costa del grupo de pertenencia dominante.
–Usted afirma que el genocidio aún no tiene fecha de finalización, mientras los pueblos originarios se organizan y luchan.
–Sin dudas, hoy han ganado visibilidad como nunca antes y tiene directa relación con la organización y los conflictos que enfrentan en los territorios. Por eso siento mucho respeto por los dirigentes e intelectuales indígenas, sé que hay diferencias como en cualquier espectro político, pero tengo un gran respeto porque tienen que tener mucha decisión y coraje, ya que están haciendo un trabajo de concientización, de educación política a todo el resto de la sociedad. Ser dirigente indígena sigue siendo profesión de riesgo, sobre todo en algunos provincias, porque es muy probable que vayas preso o te maten por defender el territorio. Nunca hay que olvidar que son pueblos que sufrieron un genocidio, pero se mantienen vivos
FUENTE: PÁGINA 12
DIALOGOS › LA ANTROPOLOGA DIANA LENTON, A PROPOSITO DE UN NUEVO 12 DE OCTUBRE
“El Estado se construyó sobre un genocidio”
Integrante de la Red de Investigaciones en Genocidio y doctora en Antropología, Diana Lenton aporta pruebas del genocidio de los pueblos originarios. Campos de concentración, asesinatos masivos, fusilamientos y niños robados. Roca, el papel del Estado, la sociedad y los intelectuales.
Por Darío Aranda
–¿Por qué afirma que el Estado argentino se funda sobre un genocidio?
–El Estado moderno constituye una forma de entender las relaciones entre Estado y sociedad, y construye todo un modo político de accionar, una normativa, instituciones que se fundan en el mismo momento que se realiza el genocidio. Y no lo relacionamos sólo porque es contemporáneo al genocidio sino porque esa estructura de Estado requirió que no hubiera más diversidad interna en el Estado. Se anulan los tratados con los indígenas, el Estado se garantizó que no iban a interferir en la constitución de ese Estado. Es lo que se llama genocidio constituyente, son genocidios que dan origen a un Estado.
–Existen sectores que aún niegan que haya sido un genocidio. ¿Qué pruebas dan cuenta de que sí lo fue?
–Las ciencias sociales no tienen un concepto analítico acabado. Desde el campo jurídico internacional sí, lo provee Naciones Unidades en 1948 para juzgar los crímenes del nazismo. Esa definición habla de distintos elementos. Es genocidio cuando se puede establecer la intencionalidad de destruir a un pueblo. Otra característica es impedir la reproducción de ese grupo y también el robo de niños, cuando son secuestrados y entregados a familias de grupos dominantes, y se les reemplaza los nombres, porque así se atenta contra la continuidad de ese pueblo porque se le roba la memoria.
–¿Qué hechos concretos hubo?
–Matanza de población civil. Algunos tienen la imagen de batallas al estilo romántico de un ejército contra otro. La característica de la campaña de Roca es que está principalmente dirigida a la población civil. Las memorias del comandante Prado dicen claramente que el ataque a las tolderías es para caerles encima a las mujeres y niños que quedaron cuando los hombres no estaban. Estaba planificado así para llevarse el botín, sobre todo el ganado, y las familias porque ésa era la operación que iba a llevar a los indios a rendirse. Son operaciones contra la población civil, donde mueren mujeres y niños, o eran enviados como mano de obra esclava para el trabajo doméstico urbano o para la agroindustria, caña de azúcar y viñedos. También se cumplen otros elementos de genocidio, el someter a la población a condiciones que acarreen daño en su subsistencia, que pueda provocar enfermedad o muerte, y eso implicaron los traslados de la población sometida a campos de concentración.
–Ustedes dan cuenta de que el diario La Nación lo llamó crímenes de lesa humanidad.
–Mitre decía que lo que hacía Rudecindo Roca, hermano de Julio Argentino, eran crímenes de lesa humanidad porque se fusilaban prisioneros desarmados y se tomaban prisioneros a mujeres y niños. Para un sector del espectro político no era lo correcto, incluso Mitre, que no era nene de pecho, que tuvo responsabilidad en la guerra del Paraguay con episodios espantosos, sin embargo estaba asombrado, no criticaba que se hiciera la Campaña, sí cuestiona que un gobierno estuviera minando su propia legitimidad al desoír lo que eran avances de la civilización.
–También hubo campos de concentración.
–Hubo campos de concentración en Valcheta, Martín García, Chichinales, Rincón del Medio, Malargüe, entre otros. Son todos lugares donde se encierran a las personas prisioneras sin destino fijo. La autoridad militar era la dueña de la vida y muerte de ellos. La idea era de depósito porque iban a ser distribuidos. Eran prisioneros y esclavos. Se recibían pedidos de Tucumán, ingenios, de Misiones, estancias. Llegaban como familias y se los separaba. Hay pruebas de la violencia, cartas entre curas y arzobispos. Había muerte por las condiciones a las que estaban sometidos, ahí está también el genocidio. Y también había suicidios por el trauma social al que estaban sometidos. Los padres sabían que les quitaban a sus hijos, lo veían y decidían matarse. O mujeres que se tiraban al agua con sus hijos. En Valcheta hay documentos donde se describe que no se les daba alimentos y morían de hambre.
–¿Qué documentos existen?
–Existe mucha documentación oficial para discutir la historia impuesta. Los archivos oficiales, Archivo General de la Nación, la Armada, los archivos de las provincias. Y archivos privados de personas, de militares que han escrito cartas. También documentos de la Iglesia: de ahí surgen datos de cientos de chicos destinados a Jujuy y Tucumán. Quedan claras las edades de servicio doméstico, chicos desde los 2 o 3 años y hasta los 8. Los adultos que eran destinados al cañaveral y morían con sus familias, eso también es parte del genocidio.
–¿Hay cifras?
–El Poder Ejecutivo decía para 1879 que se habían trasladado 10 mil prisioneros de lo que era la frontera, se estaba recién en la zona norte de Patagonia, para trabajar hacia el Norte y Mendoza, industrias, servicios doméstico y Martín García. Para 1883, un informe oficial ya dice que son 20 mil. En el Chaco son cifras mucho mayores.
–¿Por qué la campaña militar al Norte no es tan conocida?
–No ha habido una manera sistemática de presentar la historia y menos la historia de los pueblos indígenas. Nos han legado imágenes, hemos aprendido que el Estado o territorio actual se completa con Roca, y él estuvo en el Sur.
–Suele justificarse la violencia con que “hay que situarse en la época”, como si fueran normales esas campañas militares.
–Algunos senadores como Aristóbulo del Valle, quizá la voz más clara contra la Campaña, preguntaban cuáles habían sido los resultados de la campaña al Sur y se decía que esos territorios no están incorporados al trabajo. Era el momento que se estaba rifando territorio, como dijeron en esa época observadores militares, no era para los pioneros ni para los agricultores, como se había prometido, sino para latifundistas. Aristóbulo del Valle denunciaba que el hombre había sido esclavizado, la mujer prostituida, los niños utilizados para el trabajo esclavo. No había, decía, ni avance económico ni cívico. Incluso hubo oposición de sectores de las elites.
–Igual se realiza.
–Se hace y es un fracaso desde el punto de vista militar. Hacia 1884 lo que consigue el general Victorica, que estaba al frente como ministro de Guerra, es derrotar a los principales jefes, pero no consigue ocupar el territorio. Eso recién pasará hacia 1911. No consigue ocupar porque el Chaco estaba mucho más densamente poblado por pueblos indígenas y con una variedad de pueblos, de lenguas y culturas distintas.
–¿Fue igual de cruenta que la del Sur?
–Sí, no sólo fue igual sino que esa operativa de secuestrar chicos, atacar mujeres, se extendió hasta avanzado el siglo XX; aun hoy todas las comunidades tienen recuerdos de los chicos robados por el Ejército.
–¿Cifras?
–No las tenemos, estamos trabajando, pero las víctimas superan ampliamente las cifras de la Patagonia. Y hay otros sectores del país donde tampoco se sabe mucho.
–¿Por ejemplo?
–Cuyo y la Puna. Estamos comenzando a trabajar lo que fue la Campaña a la Puna, que se conoció como Campaña al Susques, que se da por terminada en 1874, con la batalla de Quera. Aparentemente lo que más hubo fueron fusilamientos masivos que acabaron con la resistencia, lo que se llamó la Pacificación de la Puna, fusilamientos masivos durante 1874 y 1875.
–En Cuyo hubo campos de concentración...
–Sí, por la campaña al sur de Mendoza y norte de Neuquén, donde tomaron gran cantidad de familias prisioneras, que fueron utilizadas en la industrias de la vendimia en lo que hoy es Malargüe. La persona que más sabe es Diego Escolar, que vive allá, tiene muy documentado y cuantificado no sólo los prisioneros sino también la cantidad de chicos que eran enviados solos a la vendimia para trabajar para siempre, no iban y venían.
–¿Roca es sólo un símbolo o el responsable?
–Roca fue responsable del genocidio. Tuvo posibilidades de otro tipo de política. Hay pruebas de que él se informó con un enviado de su confianza en Estados Unidos para ver cómo funcionaban las reservas. Y estudió también a los franceses en Argelia. Decidió el modelo francés porque decía que el modelo de reservas era muy costoso. Hubo campañas militares anteriores, pero la de Roca fue la más sistemática y que tuvo un objetivo más declaradamente genocida. Hay declaraciones de Roca sobre destruir hasta el último indígena. Su discurso de asunción de la presidencia festeja que no cruza un solo indio la pampa.
–Es conocida la postura de los intelectuales de la derecha sobre Roca y los pueblos originarios. ¿Y la mirada de los intelectuales de izquierda o progresistas?
–Hay cierto progresismo que se construyó sobre el paradigma que dio lugar al genocidio y a una noción de la Argentina sin indígenas. A gran parte de los intelectuales no les importan los pueblos originarios. Se ha construido una idea de progresismo que puede ignorar a los pueblos originarios como si no existieran y tenemos una izquierda que ha ignorado las luchas indígenas, por eso todo es mucho más difícil.
–¿Por qué el genocidio sigue pareciendo algo sólo de la dictadura y no también algo que afectó a los pueblos originarios?
–Porque cuesta a gran parte de los argentinos considerar la historia de los pueblos indígenas como parte de la historia argentina. Tiene directa relación con asumir si es algo que les pasó y pasa a los argentinos o les pasó y pasa a otros.
–El juez de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, le agrega el factor de la clase social afectada.
–Sin duda tiene que ver la clase social víctima, pero sobre todo hay una mirada racista dentro de lo que es el sentido común argentino. La sociedad argentina es racista respecto de los pueblos originarios. Se piensa que lo que sucede con otras personas no es tan importante, por eso hay dolores que no nos conmueven y otros que sí. Para mucha gente un campo de concentración se define como tal cuando ahí adentro hay gente que se parece a mí, si no, no es un campo de concentración.
–¿De ahí la negación del genocidio?
–Tenemos un paradigma donde la palabra “genocidio” se puede aplicar cuando a mí me importa, cuando mi grupo de pertenencia es el afectado. Y la mayor parte de la intelectualidad, de la gente que construye teoría y construye consenso social en estas situaciones, compartimos un sistema cultural de pertenencia. Hasta tanto no podamos siquiera entender el dolor de los otros y sentirlo como el propio, no hay interculturalidad posible. No hay forma de dialogar.
–¿Interpreta continuidades de las campañas militares a fines del siglo XIX y la situación actual de muerte por desnutrición en Chaco, Misiones y Salta, o por represión en Formosa?
–Los pueblos originarios son víctimas de un genocidio que aún no terminó. Por eso como Red hablamos de que en la Argentina existe un proceso genocida de los pueblos indígenas porque no le podemos encontrar la fecha de finalización. No sólo el Estado se construye sobre un genocidio sino que también nuestro marco de pensamiento se construye sobre el genocidio, de tal manera que no hemos salido aún de él. El genocidio realizado por el nazismo tiene fecha de finalización. El fin de la guerra, el suicidio de Hitler, los tribunales de Nuremberg. El genocidio de la dictadura tuvo una Conadep, juicios. El genocidio indígena no tiene fecha de finalización y no hay juicios.
–No existió un “Nunca más” para los pueblos originarios.
–No hubo fecha de finalización. No hay ni hubo una instancia de reparación. ¿Cuál sería la instancia autorizada si queremos hacer juicios? Porque el Estado es el mismo Estado genocida. La única manera para poder realizar algo similar a los juicios de la dictadura es que también esté integrado por pueblos originarios.
–¿Lo cree posible?
–Hoy en día hay un movimiento importante de pueblos originarios que no había hace diez años, y en algún momento se va a dar. No puede ser la misma sociedad genocida la que lleve la acusación; lo que sí puede hacer la misma sociedad genocida es movilizar la posibilidad de generar un cambio interno.
–¿Por qué “sociedad genocida”?
–Porque hay procesos que se siguen produciendo. Si bien hay una apertura muy importante para la inclusión de los derechos específicos de los pueblos indígenas dentro de los derechos humanos, la actitud del Estado hoy en día no es la misma que se tenía hace diez años, hay un cambio positivo. Pero cuando esos derechos reconocidos de los pueblos originarios confrontan contra intereses económicos, ya sea del Estado o de particulares, siempre se atenta contra los pueblos originarios.
–¿Por ejemplo?
–El Estado sustenta buena parte de su modelo en actividades como la soja, el petróleo y la minería, entonces el derecho indígena se cae. El mismo Estado que habilita a los pueblos originarios a hacer determinados reclamos por otro lado los hace callar con la violencia que sea necesaria cuando está en juego una actividad económica que el Gobierno impulsa.
–¿Cómo se entiende esa contradicción?
–Por eso digo que la sociedad no terminó aún de ser genocida con los pueblos originarios. Porque frente a estos dos parámetros en conflicto automáticamente le da la razón al paradigma económico.
–¿La sociedad o el Gobierno?
–Van uno con el otro, es un ida y vuelta. El paradigma económico es el que se constituyó junto con el Estado y hoy se desarrolla la continuidad de ese paradigma. Si bien hay espacios de apertura interesantes, cuando confrontan paradigmas el que sale ganador es el paradigma racista, donde tenés derecho a decir lo que quieras, pero si tenés petróleo en tu comunidad el organismo que decide no es el INAI, el Inadi, ni una oficina de interculturalidad, sino la Secretaría de Energía. Y punto, no hay discusión posible.
–Es la economía...
–Cuando lo que está en juego son intereses económicos, siempre se atenta contra los derechos indígenas, con leyes que debieran respetarse.
–Las campañas militares tuvieron una matriz económica, una decisión política y una complicidad o al menos una indiferencia de la sociedad. ¿Observa paralelos?
–Es muy similar. ¿Cómo se definió el avance económico a fines del siglo XIX? Se decidió por la apertura de nuevos terrenos para la explotación intensiva junto con nuevas tecnologías que tenían que ver con el manejo de la ganadería, alambrados, nuevas técnicas que acompañaban la inclusión de territorios para el mercado exportador. Y ahora estamos viviendo lo mismo, la soja es exactamente eso. La nueva tecnología y la incorporación de nuevos territorios que antes estaban libres, donde había comunidades que podían vivir.
–El petróleo y la minería repiten la misma lógica.
–Lo están padeciendo, entre otros, los mapuches en zona de meseta. Cuando las comunidades se habían establecido en la meseta, ese lugar no era objetivo de explotación; ahora sí. Hoy sufren un acoso tremendo e ilegítimo de parte de mineras y petroleras.
–Hay un argumento legitimador que se repite: el progreso.
–Sí, hoy es el desarrollo, como una utopía de la sociedad occidental, pero el problema es que se establecen como si fueran características que pudieran tener sólo la sociedad occidental y los otros no, y que además son a costa del vivir de los otros. El problema de este concepto de desarrollo o progreso, hoy encarnada en la política económica extractiva, es que se les da una entidad más importante que la vida y la dignidad humanas. El desarrollo es importante, pero, ¿es tan importante como para avalar que el avance petrolero, minero y sojero ocasione contaminación y muerte? Y, no es casual, siempre ese “progreso” es a costa del “otro”, nunca es a costa del grupo de pertenencia dominante.
–Usted afirma que el genocidio aún no tiene fecha de finalización, mientras los pueblos originarios se organizan y luchan.
–Sin dudas, hoy han ganado visibilidad como nunca antes y tiene directa relación con la organización y los conflictos que enfrentan en los territorios. Por eso siento mucho respeto por los dirigentes e intelectuales indígenas, sé que hay diferencias como en cualquier espectro político, pero tengo un gran respeto porque tienen que tener mucha decisión y coraje, ya que están haciendo un trabajo de concientización, de educación política a todo el resto de la sociedad. Ser dirigente indígena sigue siendo profesión de riesgo, sobre todo en algunos provincias, porque es muy probable que vayas preso o te maten por defender el territorio. Nunca hay que olvidar que son pueblos que sufrieron un genocidio, pero se mantienen vivos
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