"El pensamiento claro no nos basta, nos da un mundo usado hasta el agotamiento. Lo que es claro es lo que nos es inmediatamente accesible, pero lo inmediatamente accesible es la simple apariencia de la vida." antonin artaud.
Mostrando entradas con la etiqueta marguerite duras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta marguerite duras. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de febrero de 2013

escribir...







  1. “Escribir. No puedo. Nadie puede. Hay que decirlo: no se puede. Y se escribe. Lo desconocido que uno lleva en sí mismo: escribir, eso es lo que se consigue. Eso o nada. Se puede hablar de un mal del escribir. Hay una locura de escribir que existe en sí misma, una locura de escribir furiosa, pero no se está loco debido a esa locura de escribir. Al contrario. La escritura es lo desconocido. Antes de... escribir no sabemos nada de lo que vamos a escribir. Y con total lucidez. Es lo desconocido de sí, de su cabeza, de su cuerpo. Escribir no es ni siquiera una reflexión, es una especie de facultad que se posee junto a su persona, paralelamente a ella, de otra persona que aparece y avanza, invisible, dotada de pensamiento, de cólera, y que a veces, por propio quehacer, está en peligro de perder la vida. Si se supiera algo de lo que se va a escribir, antes de hacerlo, antes de escribir, nunca se escribiría. No valdría la pena. Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos"

     Marguerite Duras

lunes, 10 de enero de 2011

las manos negativas, de marguerite duras

Se llaman manos negativas a las pinturas de manos halladas en las cuevas magdalenianas de la Europa Sud-Atlántica. El contorno de esas manos_apoyadas bien abiertas sobre la piedra_ estaba untado de color. Más frecuentemente azul, negro. A veces rojo. No se ha encontrado ninguna explicación para esa práctica.


Frente al océano
bajo el acantilado
sobre la pared de granito

esa manos

abiertas

Azules
Y negras

El azul del agua
El negro de la noche

El hombre llegó solo a la cueva
frente al océano
Todas las manos tienen el mismo tamaño
estaba solo

El hombre solo en la cueva miró
en el ruido
en el ruido del mar
la imensidad de las cosas

Y gritó

A ti que tienes nombre a ti que estás dotado de identidad te amo

Esas manos
del azul del agua
del negro del cielo

Aplastadas

Apoyadas cuarteadas sobre el granito gris

Para que alguien las viera

Yo soy el que llama
Yo soy aquel que llamaba que gitaba hace treinta mil años

Te amo

Grito que quiero amarte, te amo

Amaría a cualquiera que me escuchase gritar

Sobre la tierra vacía quedarán esas manos
en la pared de granito
frente al estruendo del océano

Insostenible

Ya nadie escuchará

Ni verá

Treinta mil años
Aquellas manos, negras

La refracción de la lluz en el mar hace temblar
la pared de piedra

Soy alguien soy el que llamaba el
que gritaba en esa luz blanca

El deseo

la palabra todavía no se inventó

Miró la inmensidad de las cosas en el estruendo
de las olas, la inmensidad de su fuerza

y después gritó

Por encima de él, los bosques de Europa,
sin fin

Se mantiene en el centro de la piedra
de los corredores
de los conductos de piedra
de todas partes

A ti que tienes nombre a ti que estás dotado de identidad
te amo con amor infinito

Había que bajar del acantilado
vencer el miedo
El viento sopla del continente y empuja
al océano
Las olas luchan contra el viento
Avanzan
frenadas por su fuerza
y pacientemente llegan
a la pared

Todo se estrella

Te amo más allá de ti
Amaría a cualquiera que me escuchase gritar que
te amo

Treinta mil años

Llamo

Llamo a quien responda

Quiero amarte te amo

Después de treinta mil años
grito al mar el espectro blanco

Soy aquel que gritaba que te amaba, a ti




marguerite duras, saigón 1914-parís 1996, el navío night-aurelia steiner, ed. el cuenco de plata, 2007, traducción silvio mattoni

sobre el navío night, marguerite duras

entrevista de duras con dominique noguez, 1984 (extracto publicado en el navío night, ed. el cuenco de plata, 2007)


_¿Has visto esas manos?
_Las vi, nunca las he olvidado. Hace mucho tiempo. No están lejos de Altamira. Son azules. Pero de un azul grisáceo, casi como el Océano.
-Lo perturbador en el filme es que a la vez es un filme sobre París y sobre esa primitiva caverna prehistórica. Es las dos cosas.
_Sí. Porque creo que todavía todo está allí, como lo estuvo siempre, desde siempre. Que se circunscribe de manera diferente, pero que la Edad Media, por ejemplo, está todavía allí, en París. Lo mismo que la sexualidad de la gente, tanto la de los monstruos como de las personas normales, no se ha movido, todavía está allí, intacta. Está allí como antes, como lo estaba hace milenios. Y creo que esas personas, esos negros, reclaman tanto como en el comienzo del mundo ser amados, ser reconocidos como seres vivos. Es en ese estadío donde lo que llamo el amor se expresa con una mirada, con una palabra, quizá también con una cámara. Creo que ese grito, ese grito de deseo es el mismo, es el mismo que se había proferido ante Dios.