"El pensamiento claro no nos basta, nos da un mundo usado hasta el agotamiento. Lo que es claro es lo que nos es inmediatamente accesible, pero lo inmediatamente accesible es la simple apariencia de la vida." antonin artaud.
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miércoles, 24 de agosto de 2016
otra iglesia es imposible: Juan L. Ortiz / De "La orilla que se abisma", 2
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sábado, 4 de julio de 2015
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sábado, 5 de octubre de 2013
notas // ensayos // javier galarza: JUAN L. ORTIZ. UN CORAZÓN EXCEDIDO.
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jueves, 11 de octubre de 2012
de sibilas y pitias: una mínima cosa ciega...
de sibilas y pitias: una mínima cosa ciega...: Este río, estas islas Para "comprender" este paisaje habría que estar muerto... un poeta español Mirábamos el río, las islas, est...
martes, 13 de septiembre de 2011
leer el poema de juan l. ortiz a su perro prestes... en el segundo festival de poesia en la escuela

su perro muere en 1.952... un fragmento de su hermoso poema...
A PRESTES (mi galgo)
Has muerto, silencioso amigo mío, has muerto...
¿En qué prados profundos te hundiste para siempre cuando llovía
oscuramente?
- Marzo, anoche, apagaba la sed larga...
Tu cabeza, tras el último suspiro, quedó más fina aún en la línea
final.
Y era como si corrieras acostado un no sé qué fantástico que huía,
huía...
Silencioso amigo mío, viejo amigo mío, has muerto...
Cuántos minutos claros, cuántos momentos eternos, contigo,
compañero de mis mañanas cerca del agua, de mis atardeceres
flotantes...
en el dulce calor, en el viento de las hierbas, en los filos del frío,
en la luz que se despide como un infinito espíritu ya herido...
Silencioso amigo mío, viejo amigo mío, cómo nos entendíamos...
Esta tarde hubiéramos salido a mirar los oros transparentes, casi
íntimos...
¿Qué veías allá, sobre las islas, cuando enhestabas las orejas?
¿Y te tocaba el blanco alado de la vela lejana?
Oh, los perfumes de las gramillas y de la tierra, qué ríos de éxtasis!
Y tu tensión cuando algo corría abajo...
Duro para mí, estúpido de mí, que te contenía sobre las traseras patas
sólo,
Vibrante en tu erguida esbeltez posada apenas...
Silencioso amigo mío, viejo amigo mío, compañero de mi labor...
Echado a mi lado, las horas lentas, alzabas de repente tus ojos
largos,
ay, llenos de signos sutilísimos, y a veces,
una tenue luz que venía no se sabe de dónde humedecía su
melancolía sesgada...
¿En qué secretas honduras sentías entonces mi mirada?
...
Larga fue tu enfermedad y tu latido profundo se hizo delgado, casi una
queja ya...
Oh, esta queja, oh, tu llamado débil, cuando sentías acaso que “la
sombra” venía
y requerías a tu lado las familiares presencias queridas...
Duro de mí, estúpido de mí, que a veces no prestaba suficiente atención
a tu llamado
ni lo entendía en su miedo de la rondante noche absoluta, de la
marea definitiva,
miedo de hundirte solo, sin la luz del “aura” amada junto a la ola
fatal,
tú, el de la adhesión plena, el de la estilizada cabecita beata sobre la
falda, sentados a la mesa
o leyendo yo sin haberte mullido el sueño fiel al lado de la silla...
Ay, oigo todavía tu llamado, tu llanto débil, impotente, de una
imploración seguida...
Las voces no estaban lejos pero las querías alrededor de ti contra el
silencio que llegaba...
Ay, oigo todavía tu llamado, tu súplica latida como desde una
medrosa pesadilla,
mientras mi corazón lo mismo que tus flancos, sangra, sangra, y
Marzo, entre las cañas, sigue lloviendo sobre ti...
sábado, 19 de marzo de 2011
"La Orilla Que Se Abisma", una película, y uno de los poemas de juan l. ortiz
Un tiempo de celeste que, desvaídamente aún, se olvida
de sí...
y por el pareciera que mira
la recidiva
en lo que suele ser, debajo de las aguas, una eternidad de morir
que cuando más, ahílas...
Pero, acaso, no has advertido
que por las islas
es octubre, octubre, aunque ciertamente, ahora abisma
el confín,
si me lo permitieras, diría,
del deshora mismo...?
Y eso que, del imposible
casi, de su secreto, se deshace y se deshace, y por el sueño,
aún, de una bruma
de vidrio...?
_Los pájaros, en efecto, dan en cernirlo
por ahí
pero no dividen
no, la palidez se desmemoria, ésa que enciela, y ubicuamente, todavía,
una ausencia como de lino...
Y en verdad no se cuándo, bien que sobre el filo
del mediodía,
un modo de "visita"
la ilumina
de repente y la transparece en el río,
casi de seguido,
en hado de niña
que accede, en consecuencia, a su "aquí"
después de vacilar, en el descenso y a la vez en la subida
del minuto,
bajo la condenación de platino
a quemarla como tal o como, si se prefiere, falena, en el
hechizo
al blanco, ya, del cenit
juan l. ortiz,
de "la orilla que se abisma", en obra completa, segunda edición, santa fe, universidad nacional del litoral
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