"El pensamiento claro no nos basta, nos da un mundo usado hasta el agotamiento. Lo que es claro es lo que nos es inmediatamente accesible, pero lo inmediatamente accesible es la simple apariencia de la vida." antonin artaud.
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domingo, 15 de enero de 2012

otro poema de clara fernandez moreno


Perlita



durante tu vida

las plantas ronronearon contigo

de noche dormías

en los sitios tibios de los humanos

sobre piernas y cuerpos

cuanto más cerca de la cara mejor

en un enredo de cabeza y pelo



gatita gris perla

esta casa y este jardín te cuidaron siempre



quisiera verte como antes

en la maraña de las noches oscuras

entre el alero

y el espacio

cuando las estrellas gozaban

fulgurando en tu lomo





Clara Fernandez Moreno

poesía de amor y del tiempo de clara fernadez moreno



árbol





ningún tiempo pasado juntos fue perdido

ninguna palabra la llevó el viento

nada se escribió sobre el mar

ningún temporal se interpuso

ningún tigre vino en contra

ninguna noche diluyó un minuto

ningún día un latido

nada ni nadie nos atravesó

ningún café ni té ni alimento se perdieron

desde que nos conocimos



y ninguna memoria guardo de haberte conocido

sino de que siempre estuviste presente

en guardia

árbol que detuviste el tiempo

que me falta para morir





regreso



a Juan





yo me voy



nada puede hacer que me quede



los gatos me miran



quieren ser como yo



el león tiene la alegría



los pájaros me dicen no te vayas







pero mi ser sigue entre los bosques



los tigres me huelen



entran al agua



yo también



subida a una rama



me voy y digo adiós





el fin

a Juan





en las ramas de la tierra

en el camino

con los brazos

con el cuerpo

con ropa

sin ropa

abandono todo





río Orinoco



Juan Antonio y yo



mis hombros

brazos y pelo y cuello arden

apoyada en el río

calmo con mis manos el calor de mi frente

me siento en el suelo

sólo me sostiene el sol



mirador de Angostura*

desde más de mil años

columnas

chicharras

calor

empalizada de faroles



y vivir

en la explanada de la pesca

con el vestido turquesa

donde aguas y vientos

donde nubes de polen caliente



pero no quiero mirar

el calor que cubre la baranda

asciende

en lanzas de fuego sobre las rocas

amo ese calor ese río ese hombre ese lugar

mi pelo toma el peso de una catedral



crece el río

se levanta

asciende la espuma

hamaca el agua

abre los brazos

se quema

se hace una red

y nubes

y árboles se estremecen



en el medio de la laguna hay un ruido cálido y ronco

que enmarca las aguas enlazadas



*Hoy Ciudad Bolivar




no nada







no hablé

no escribí

no dibujé en mi cuerpo

no entré al río

no dije te quiero

no miré los sicomoros

hace tanto que nada



en la ventisca de la vida

un día besaste mi mano

hace tanto





Clara Fernandez Moreno

viernes, 20 de agosto de 2010

poemas de clara fernandez moreno para el deleite para leer para tocar




Poema Después De Una Fiesta





a Juan Antonio Vasco, y a Carmen y Clara Vasco


Hoy día como aquel que volamos la selva bajo del alba
llegando justo al parto del sentimiento abierto
días en que no se puede no verte
en que quiero salir desde los álamos
y echarme montaña abajo
para no sentir que quiebro
Hay días que se parten en la lanza de tu voz
diciendo que todo era nuevo porque yo era nueva
y cantaba el cuerno en el túnel de la cornamusa
días revueltos contra sí
que suben y que bajan escaleras en los supermarkets
entre abrigos y latas automáticas
dejando la esperanza entre las orillas
días calientes de polen
que tiznan puertas
sillones limpios
que se abalanzan contra los carteros
días para arrojarse al mar y alejarse como Ulises
para que se pierdan
cuando tuvo que buscar a los depredadores
encontrarse
volver hecho nuevamente
hay días cancerberos
en que habría que apretarse las manos
ser el limo que nos envuelve
planta su bandera y nos inunda
y las turmalinas renacen
salvan los umbrales
y se cuelgan a ser ellas en mi pecho
días en que los lagartos de los “Parques del Este”
suben a la verja a comer pantalones
un trozo de tobillo con tanta ternura
que amanece bajo el techo de paja de caney
y el muchacho apenas rengo puede cantar al sol
abrir los pastos que jalonan el camino
y la madre lo mira con la niña dormida en el asiento de atrás
hay días en que el desierto de Anatolia
se me viene encima con todos sus camellos
y vamos a las fiestas
como quien va a la muerte
y es necesario arrancar con todos los faroles encendidos
allí renace la amistad
se pierde el premio de la paz
y nadie puede abrazarse ni comer
vuelven las miradas de hace veinte años
las estrellas nacen latiendo
en el pasto y las tardes calientes
hubo días tan buenos de vivir
y otros con tus últimos amores
cuando dejabas de ser y ya estabas metido en el tiempo
oh témpora!
oh mores!
dame tu mesura Horacio para no temer al voraz
que hirió tu fuerza
tus ojos verdes en el mundo
pero estabas metido en el tiempo
y cuando me llamaron la oquedad y la furia
no pude detenerlas
tuve que irme
no pude decirte adiós
ese bosque en que no pude decirte adiós
ni darte de beber agua con mis manos



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Mis mas vivos
árboles en el olor de la siesta
en el fondo de la casa
en un calor
en un espejo
en un baño de porcelana
entrando higueras y hojas con los bordes quemados
hasta las canillas
y sus raíces llegaban al portón
que a las cuatro de la tarde
cuidaba ese patio celestial
cuando mis primos se apretaban contra mi
para comer mis mejillas de leche y de higo
el deseo de esas tardes cae como mi pelo a la intemperie
hace de mi vestido turquesa un incendio
una terquedad que casi nunca habla



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San sebastián
cuál es la diosa
la que dice debe ser sacrificado
que se arrojen las flechas
salga sangre de su pecho

y erguida en la proa
erguida frente a la arena
de fuego y luz
dicta hambre sed y miedo

la diosa
no sabe de justicia
ni de bondad
tiene alas que parecen de amor
pero son de ira
de nieve
y cuando el que muere debe ir al sacrificio
su corazón se alegra
sus ojos sonríen
llena el día con su vuelo feliz
y su maldad


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Vida De Mujer



Vivo allí
donde el sol no entra
ni pan
ni nadie
con prisa siempre
con el corazón en el correo
persiguiendo recetarios perdidos
en valijas imposibles de abrir
vivo
en las sillas que ornaban el consultorio del antiguo médico
junto a la percha donde sus pacientes colgaban el paraguas
y las gotas caían sobre la bandeja de hierro
oxidándola
esos sombreros del campo de las quintas
esos pacientes que llamaban a las puertas de mi padre
cuando tus calles, Chascomús, eran plácidos charcos
de agua de la lluvia caída sobre tí, Chascomús
cuando la mujer del médico, mi madre
jugaba con los muertos a la fiebre amarilla
y a veces encontraba botas
otras un cinturón de cuero
una sotana
vivo
entre tantas cosas que hice
y tantas que haré
recorriendo vidrieras falsas
mientras los pálidos del miedo
me empujan
cuando voy
cuando regreso
mientras los otros ensillan sus caballos
y se van a comer