sábado, 15 de enero de 2011

poema de mis diecisiete años (tendría que haberlo modificado un poco en su momento...)

Miro estos rincones con sol,
recuerdo la sombra,
tengo la certeza
de no estar ni equivocada ni rota.

El dorado se cuela en las paredes
y las colas
de los perros entre mis piernas
y seguro, estoy viva.

Un llamado, y el teléfono
no habla sólo emite,
tengo la certeza
de no ser la que miente.

Ya me acerco al sol
como un perro que busca su mano,
¡desesperado!
a fuerza de estar atrapado.

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